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Allende sobre escribir sin miedo: dejar que las palabras te encuentren

Isabel Allende recuerda haber escrito La casa de los espíritus como una carta a su abuelo moribundo, encontrando la libertad para crear.

Por mitch·5 min de lectura
A woman sits at a typewriter in a dim kitchen, writing amid scattered papers and photographs.

El 8 de enero de 1981, Isabel Allende se sentó a escribir una carta a su abuelo moribundo en Chile. La carta se convirtió en una novela, La casa de los espíritus, y ella recuerda el momento con vívida claridad. La historia proviene de un fragmento de las memorias de Allende, Story Telling: A Writing Life, publicadas por Ballantine Books, una división de Penguin Random House LLC.

Allende no se propuso escribir una novela. Se propuso escribir una carta, y esa diferencia lo cambió todo. Le dijo al boletín Craft of Writing de Lit Hub que nunca habría terminado una novela si lo hubiera intentado. Pero una carta, dijo, era algo que ella sabía hacer. Así que escribió sin expectativas, y las palabras siguieron fluyendo.

Trabajo de cocina en Caracas

Allende trabajaba largos turnos en una escuela, doce horas al día. Eso le dejaba poco tiempo libre, pero tenía un entusiasmo sin límites. Cada noche llegaba a casa, se sentaba en su cocina y escribía a máquina. La historia tomó forma mientras recordaba acontecimientos del pasado, y los personajes aparecieron uno a uno, inspirados en su mayoría en sus extravagantes parientes y en personas que había conocido.

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No se asustó por la magnitud del proyecto. Página tras página fueron surgiendo. Escribía varias horas cada noche y los fines de semana, y la saga de la familia Trueba–del Valle se desarrolló sin esfuerzo.

El manuscrito sin nombre

Para fin de año, Allende tenía más de quinientas páginas sobre el mostrador de su cocina. No podía nombrar lo que había hecho. Parecía un manuscrito, pero solo existía una copia, y hacer más copias no era fácil en esos días. Llevaba las páginas en una bolsa de lona al hombro, nunca se separaba de ellas, tal como había llevado a sus bebés recién nacidos: con celo.

Una vez, dejó la bolsa en el salón de belleza y entró en pánico. Para cuando pudo volver a buscarla, la habían tirado a la basura. Tuvo que meterse en el gran contenedor de la calle para recuperarla. Ahí estaba, intacta, burlándose de ella.

Un año de trabajo silencioso

Desde esa primera experiencia en la cocina en Caracas, mucho más ha sucedido en la vida de Allende, y ha escrito muchos libros. Leer y escribir son experiencias íntimas, dijo, que se hacen en silencio y en privado. Conversa con su lector a través del tiempo y el espacio, proponiendo algo que cada lector interpreta de manera diferente. Una novela renace cada vez que alguien la lee.

Allende cree que sus libros no le pertenecen. Son criaturas vivientes que salen al mundo a cumplir sus destinos. Con suerte, podrían provocar la imaginación de algunos lectores o conmover sus corazones.

La libertad que le dio alas

La carta comenzó como una forma de honrar las historias de su abuelo. Él no viviría para leerla, pero eso no la detuvo. Le dio alas, dijo, y podía escribir lo que quisiera sin temor a ofenderlo. Podía bordar sus historias y cambiarlas.

Nunca más, dijo, ha tenido esa increíble sensación de absoluta libertad para escribir.

La historia también refleja la agitación política de la época. Muchos países latinoamericanos tenían gobiernos represivos, golpes militares, dictaduras y guerras no declaradas contra los pobres y la población indígena, respaldadas por la CIA en el contexto de la Guerra Fría. Las atrocidades cometidas en Chile fueron similares a las de Argentina, Uruguay, Brasil y Centroamérica, donde los movimientos de izquierda y las guerrillas fueron aplastados con una brutalidad increíble.

La casa de los espíritus podría haber ocurrido en cualquier lugar del atormentado continente.

Datos clave

  • La casa de los espíritus comenzó como una carta al abuelo de Allende el 8 de enero de 1981
  • Allende escribió más de quinientas páginas para fin de año
  • La novela fue extractada de Story Telling: A Writing Life, publicada por Ballantine Books
  • Los libros de Allende han sido traducidos a más de cuarenta y dos idiomas
  • Sus libros han vendido más de setenta y cuatro millones de ejemplares

El extracto termina con la reflexión de Allende sobre el destino de sus libros. Son criaturas vivientes, dice, que salen al mundo a cumplir sus destinos. Esa es una visión generosa de la creación, y captura el espíritu de su obra.

El relato de Allende es un recordatorio de que el trabajo creativo a menudo comienza de a poco. Una carta, una postal, una nota a una amiga: estos humildes comienzos pueden abrir la puerta a algo mucho más grande. La restricción de llamarlo carta fue lo que le permitió escribir con libertad. No tenía que preocuparse por la escala de la novela; solo tenía que seguir escribiendo.

La historia también habla del poder de la memoria. Allende se basó en sus familiares y en personas que había conocido para construir sus personajes. La historia tomó forma a medida que recordaba acontecimientos del pasado. La memoria es la materia prima de la ficción, y la disposición de Allende a confiar en ella produjo una obra que resonó más allá de las fronteras.

El extracto es un fragmento de unas memorias más extensas, y lleva la calidez de una escritora que mira hacia atrás, hacia su primer éxito. Allende encontró la libertad de escribir al negarse a llamar novela a su proyecto. Esa libertad le dio alas, y el resultado fue un libro que le cambió la vida.

El extracto termina con la reflexión de Allende sobre el destino de sus libros. Son criaturas vivientes, dice, que salen al mundo a cumplir sus destinos. Esa es una visión generosa de la creación, y captura el espíritu de su obra.

Fuente: “Isabel Allende on Finding the Freedom to Write”, Literary Hub.

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