Elisa Esposito, interpretada por Sally Hawkins, es una limpiadora en un laboratorio gubernamental secreto en Baltimore en 1962. Ella es muda, mantenida separada de sus compañeros de trabajo, y vive sola con un pez y una colección de pequeños animales. Su vida es tranquila hasta que un extraño ser acuático llega al laboratorio. El ser, interpretado por Doug Jones, es capturado y exhibido en un tanque. Elisa lo ve de manera diferente a todos los demás. Mira más allá de su apariencia y lo ve como un ser humano, una persona que necesita bondad.
Ese es todo el concepto de La forma de agua, y sostiene la película desde el principio hasta el final. El director Guillermo del Toro construye un cuento sobre conexión, silencio y el simple acto de ver a alguien como humano. La película es un cuento de hadas ambientado en una batería de la Guerra Fría, con romance, suspenso y un ser que se siente más como un sueño que como un monstruo. También es un cuento político sobre miedo y exclusión, vestido en maravilla infantil.
Trailer, a través de SearchlightPictures.
Doug Jones y el Diseño del Ser Acuático
Doug Jones interpreta al ser acuático con una gracia física que vende toda la idea. Se mueve como agua, sus manos y pies se enrollan y se extienden de tal manera que se sienten vivos en lugar de de goma. El diseño de vestuario, por Luis Seixeiro, lo convierte en una estatua viva, un hombre cubierto de escamas que puede respirar aire y moverse por el agua. No es una amenaza, aunque el laboratorio lo trate como tal. Es un prisionero, y Elisa es la única persona dispuesta a verlo como algo más.
Sally Hawkins sostiene la película. Tiene que transmitir todo a través de expresión, postura y gesto, ya que ella no puede hablar. Hawkins encuentra una manera de hacer sentir la mudez de Elisa como un superpoder en lugar de una discapacidad. Ella observa, escucha y comprende, y la película confía en ella lo suficiente como para dejar escenas sin diálogo. El resultado es una interpretación que se siente sin esfuerzo incluso cuando requiere gran control.
El nombre del ser nunca se pronuncia en voz alta, ni tampoco el de Elisa. La película opera con nombres propios y apodos, lo cual le va a su lógica de cuento de hadas. El ser es simplemente el hombre en el tanque, y Elisa es la chica que limpia. Esa anonimidad es deliberada. La historia no trata tanto sobre individuos como sobre tipos: el solitario, el extranjero, el captor, el protector.
La casa de Elisa y el contraste del Laboratorio
La vivienda de Elisa es un personaje por sí misma. Es pequeña, cálida y llena de vida. Hay un pez dorado en un recipiente, un gato, una lagartija y un pájaro. Cada animal representa una clase de confort, un pequeño mundo que ella controla. El laboratorio, por contraste, es frío, estéril y lleno de miedo. Los dos espacios no podrían ser más distintos, y la película los usa para mostrar lo que Elisa pierde al salir de su hogar y lo que gana al traer al ser de vuelta a él.
Octavia Spencer interpreta a Zelda, la vecina de Elisa y su mejor amiga. Zelda es ruidosa, habladora y ferozmente protectora de Elisa. Es la voz del sentido común en una historia que a menudo se desvía hacia lo surrealista. Sus escenas son algunas de las más divertidas de la película, pero también llevan el peso emocional de la lealtad. Cuando Elisa necesita ayuda, Zelda está ahí, incluso cuando el peligro es sobrenatural.
Richard Jenkins interpreta a Mr. Strickland, el científico jefe del laboratorio. Es un burócrata que cree que hace lo correcto, pero también es cruel. Ve al ser como una arma, una herramienta, un ejemplar. Sus escenas con Doug Jones son tensas, y Jenkins interpreta el papel con una eficacia fría que lo hace temible sin nunca levantar la voz. Es el villano, pero la película nunca lo hace caricaturesco. Es solo un hombre haciendo su trabajo, y eso es lo que lo hace peligroso.
La Romance Entre Elisa y el Ser
La relación entre Elisa y el ser es el motor de la película. Es un romance construido sobre mutua comprensión, no sobre palabras. Se comunican mediante tacto, mediante sonido, mediante el ritmo de sus movimientos. Elisa enseña al ser a cantar, y el ser le enseña a sentir. La película nunca explica cómo se conectan. Simplemente muestra que se conectan, y eso es suficiente.
Michael Shannon interpreta al Coronel Richard Strickland, el oficial militar que supervisa la captura del ser. Es un matón, un hombre que disfruta del poder y desprecia la debilidad. Es él quien quiere destruir al ser, y es él quien se detendrá ante nada para conseguirlo. Shannon lo interpreta con una mueca que es tanto cómica como terrorífica. Es el opuesto de Elisa, y la película usa su oposición para hacer su punto sobre empatía y crueldad.
La película también presenta una breve aparición de Michael Stuhlbarg como el Doctor Robert Denham, un científico que estudia al ser. Es un contraste con Strickland, un hombre de curiosidad más que conquista. Ve al ser como una maravilla, no como una arma. Sus escenas son breves pero efectivas, y dan a la película un centro moral más allá de la bondad de Elisa.
El subtexto político
The Shape of Water no es solo una historia de amor. También es un símbolo político sobre la Guerra Fría, sobre miedo, y sobre cómo los gobiernos tratan a lo extraño y a lo extranjero. La película dibuja paralelos entre el tratamiento del ser y la persecución de homosexuales, de inmigrantes, de cualquiera que no se ajuste al modelo. Es una historia sobre ver a alguien por quién es, no por cómo se ve.
La película es también una crítica a la burocracia. El laboratorio está regido por reglas, no por compasión. El ser es un proyecto, un objetivo, una cosa a lograr. Las personas que trabajan ahí son engranajes en una máquina, y la máquina es indiferente a su humanidad. Elisa es quien rompe esa máquina, no por fuerza sino por amor.
La música, de Alexandre Desplat, es una mezcla de piano suave y orquesta grandiosa. Enfatiza durante las escenas románticas y se apaga durante las más silenciosas. Nunca sobrepasa las imágenes, y nunca te dice qué sentir. Simplemente apoya la historia, dándole un sentido de escala sin perder su intimidad.
La fuga y el final
El tercer acto de The Shape of Water es donde la película gana su lugar. El ser es capturado, y Elisa debe actuar. Ella lidera una arriesgada fuga, ayudada por Zelda y el Doctor Denham. La secuencia es tensa, bellamente coreografiada, y genuinamente emocionante. Es una persecución que se siente mitológica, algo sacado de un cuento folklórico.
El final es ambiguo, y esa es la elección correcta. La película no resuelve el conflicto con un desenlace limpio. Deja el destino del ser abierto, lo cual es acertado para una historia sobre aceptación. La imagen final es una promesa de esperanza, no una declaración de victoria. Es una nota que permanece, y recompensa al espectador paciente.
La película no es perfecta. Algunos personajes secundarios se sienten poco desarrollados, y el ritmo se ralentiza en el centro. Pero las fortalezas superan las debilidades. Las actuaciones son fuertes, la dirección es confiada, y los temas se manejan con cuidado.
Lo Que Funciona Mejor
Aquí es lo que destaca:
- La química entre Sally Hawkins y Doug Jones. Sus escenas juntas son el corazón de la película, y nunca fallan.
- El diseño del ser. Es un efecto práctico que aguanta, un ser real que parece habitado más que digital.
- El uso del silencio. La mutismo de Hawkins es una presencia constante, y la película lo honra a lo largo.
- El subtexto político. El telón de hierro no es solo decoración; moldea cada decisión en la historia.
- El final. Es una elección audaz que respeta la inteligencia del público.
También hay espacio para mejora. El guion se apoya en coincidencias a veces, y las motivaciones del villano podrían haber sido aclaradas mejor. Pero estas son quejas menores en una película que logra tanto bien.
The Shape of Water es una rareza: un éxito comercial que también es un triunfo artístico. Ganó tres premios Oscar, incluyendo Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Actriz para Hawkins. Ese reconocimiento fue merecido. La película es un recordatorio de que grandes ideas y pequeños placeres pueden coexistir en la misma historia, y que un cuento de hadas puede decir algo verdadero sobre el mundo.
El mensaje de la película es simple: ve a las personas. Mira más allá de la superficie, más allá de la etiqueta, más allá del miedo. El ser no es un monstruo. Él es un hombre, y merece ser amado. Elisa ve eso, y la película nos pide que lo veamos también.
Puntuación: 8.7/10
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