Wes Leslie organizó una «fiesta de cervezas artesanales caducadas» en su apartamento de San Francisco. Él y varios amigos bebieron cervezas artesanales de la década anterior, incluida una botella de 2015 de Firestone Walker Stickee Monkee, una Scarface Imperial Stout de Speakeasy Ales & Lagers, y una De Struise Brouwers Black Albert de Bélgica de 14 años. Leslie coleccionó estas raras botellas añejadas en barrica mientras trabajaba en Speakeasy y compraba en tiendas especializadas como la famosa (y ahora cerrada) City Beer Store en San Francisco.
La reunión sirvió como una prueba para ver cómo habían resistido las cervezas con el tiempo. Leslie encontró varias que se destacaron, aunque no todas rindieron igual de bien. Terminó coincidiendo en que habían reposado demasiado tiempo y que ahora eran «bastante asquerosas».
Al menos ya no estaban en su vida.
Cómo Leslie dejó de amar la cerveza
A principios de la década de 2010, Leslie comenzó a acumular cervezas añejadas en barrica. Mientras trabajaba en Speakeasy, adquirió lanzamientos escasos, y también consiguió botellas interesantes en tiendas especializadas de cerveza para guardarlas debajo de su mostrador. Se refería a la colección como una «pequeña cava».
Pasaron los años y se cansó de la cerveza. En su lugar, se volcó hacia los cócteles. Dejó que las botellas permanecieran intactas hasta que el sabor de la cerveza se desvaneció de su gusto.
Esa pila fue la razón de la reunión. Varios viejos amigos —alguna vez serios entusiastas de la cerveza que recordaban las botellas en su mejor momento— fueron invitados a acompañarlo y probar aproximadamente cuatro docenas de botellas demasiado añejas.
La propia cava del autor
El escritor reconoce su propio hábito culpable. Compró mucha más cerveza de la que podía beber durante los últimos diez años. Cajas de Goose Island Bourbon County Brand Stout y sus derivados. Botellas grandes de Three Floyds Dark Lord cubiertas de cera, obtenidas en el Dark Lord Day en Indiana en 2010. Numerosas stouts de Hardywood Park, Founders y Side Project. Ales salvajes de The Rare Barrel, Jester King y de Garde.
The Bruery’s 12 Days of Christmas es una serie que aún posee de principio a fin, una que comenzó a construir en 2008 con Partridge in a Pear Tree y terminó hace siete años con 12 Drummers Drumming.
Los primeros años de la cerveza artesanal
El autor comenzó a beber cerveza artesanal de manera casual en la universidad, cuando cervezas frutales como Sam Adams Cherry Wheat, Abita Purple Haze y Magic Hat #9 significaban algo distinto al ubicuo brebaje macro. Después de mudarse a Nueva York, compró paquetes de seis de Brooklyn Lager, Victory HopDevil e importaciones belgas como Duvel, consumiéndolas por completo antes de que terminara el fin de semana.
Para finales de la década del 2000, la distribución había mejorado, y se obsesionó. Descubrió la lista de las 100 mejores cervezas del mundo de Beer Advocate y se propuso probarlas todas.
Tres cervezas stout y dos pale ales componen esta lista: una Russian River veterana y su hermana menor, una cerveza de Portsmouth nombrada en honor a una reina, y dos cervezas oscuras de Founders, una añejada con destilado de Kentucky.
Eran cervezas limitadas que a veces había que viajar por todo el país para encontrar. Los lanzamientos de alto contenido alcohólico salían quizás una vez al año. Cervezas que uno debía buscar en lugares específicos de Europa, como la Westvleteren XII, la mejor calificada durante mucho tiempo, una quadrupel trapense producida casi exclusivamente por el monasterio, que era de apariencia tan rústica que literalmente ni siquiera tenía etiqueta.
Sin dinero y solo, siguió cambiando de residencia por los cinco distritos. Almacenar cerveza rara vez era una opción para él. Sin embargo, poco a poco comenzó a guardar botellas selectas —Firestone Walker Parabola, The Bruery Black Tuesday, Surly Darkness— cuando llegaba a adquirir más de una de alguna variedad.
Llevaba la reserva consigo de un lugar a otro, nunca guardándola en una cava sino en el piso de un clóset, detrás de la puerta de una despensa, o a veces en un estante, apretada entre cualquier volumen que estuviera leyendo en ese momento.
El apartamento que lo cambió todo
Eso cambió cuando se mudó con la mujer que se convertiría en su esposa en 2012. De repente tenía raíces, un apartamento de varios ambientes sin compañeros de cuarto (además de ella), y un lugar permanente para poner cerveza. Ella lo había tomado por un minimalista —un par de maletas de ropa, unas cajas de libros, ni un mueble. Pronto descubriría que solo estaba esperando espacio.
La escena de la cerveza artesanal había alcanzado un punto álgido, con eventos, lanzamientos raros y festivales casi cada fin de semana. Él finalmente estaba empezando a ganar un poco de dinero con eso. Así que cuando encontró cajas de Goose Island Bourbon County Rare —su famosa imperial stout añejada en barricas de Pappy Van Winkle de 23 años— en un Whole Foods en 2010, pudo pagar varias botellas incluso a 45 dólares cada una.
En un viaje al sur de California, compró una caja completa de Duck Duck Gooze de The Lost Abbey. Más tarde, cuando visitó Bélgica en 2013, metió en su equipaje tantas botellas de Cantillon como pudo sin cruzar la línea con la aduana.
Durante muchos años, consumió una gran cantidad de estas cervezas. Al mismo tiempo, estaba guardando cantidades mucho mayores para añejarlas.
La caída de la cerveza artesanal
Tanto el autor como Leslie terminaron perdiendo el interés en la cerveza. Según el autor, su propio afecto por la cerveza se desvaneció al comienzo de la pandemia de Covid-19.
Christopher Nyren, un hombre de 48 años de Chicago, comparte el mismo arrepentimiento. Comenzó a guardar cerveza en su cava en 2014, cuando el pasatiempo estaba en su apogeo. Las IPAs turbias se intercambiaban por todo el país semanalmente. Las pastry stouts se revendían en línea el mismo día de su lanzamiento. Las lambics raras se vendían como Burdeos de añada. Su cava llegó a superar las 500 botellas; desde entonces la redujo a alrededor de 350, centrada principalmente en latas de barleywine Deep Wood de Revolution.
Cada día, Nyren admite desear no haber armado nunca una colección tan absurda.
“No pasa un día en que no me arrepienta de mi ridícula colección”.
Dos experiencias
La historia describe dos experiencias separadas con colecciones de cerveza artesanal. La reunión de Leslie involucró cervezas de la década anterior, mientras que la propia reserva del autor abarca años de compras desde finales de los años dos mil en adelante.
El vínculo común une a quienes dejan atrás su amor por el pasatiempo. La reunión de Leslie sirvió como ocasión para probar las botellas que ya no deseaba conservar.
La lección
El tiempo no siempre mejora todo, y la historia sirve como un recordatorio divertido de ese hecho. Tanto Leslie como el autor abrieron botellas que habían guardado durante años y descubrieron que habían pasado su mejor momento.
Añejar cerveza es un pasatiempo, no una forma de acumular riqueza. La mejor cerveza es la botella que abres en este momento.
Fuente: “Rare Beer Was Once a Collector’s Dream. Now, It’s a Liability.”, VinePair.
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