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Rocky II a los 47: la irregular secuela de Stallone se gana su acto final

Crítica de Rocky II: Stallone tomó él mismo la silla del director en 1979, y la revancha con Apollo Creed todavía funciona, aunque la hora intermedia divaga.

Por mitch·8 min de lectura
A boxer stands ready beneath the ring lights, fists raised against a rival champion.

Sylvester Stallone no quería entregarle Rocky II a otro director, y esa negativa es lo más interesante de la película. United Artists era reacio a dejarlo tomar la silla después de que John G. Avildsen, quien dirigió Rocky en 1976, no pudiera regresar. Stallone se mantuvo firme y consiguió el trabajo. La secuela que entregó es una obra extraña, desigual y ocasionalmente grandiosa: una película que pasa una hora tratando de casi nada y luego, en su último acto, recuerda exactamente para qué sirve.

Tráiler, vía Amazon MGM Studios.

La revancha que exige Apollo Creed

Rocky II retoma el momento en que termina la primera película. Apollo Creed, interpretado por Carl Weathers, ha defendido el título pesado contra Rocky Balboa por decisión dividida. Ambos hombres terminan en el mismo hospital. Esa noche, Apollo desafía a Rocky nuevamente, insistiendo en que el hombre que llegó a la distancia con él fue una casualidad. Rocky rechaza y se retira. Sus médicos revelan que necesita cirugía por un desprendimiento de retina, una condición que podría dejarlo ciego. Rocky visita a un Apollo en recuperación y le pregunta si Apollo dio todo de sí. Apollo confirma que sí.

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Ese intercambio es la semilla de toda la película. La única mancha de Apollo, como lo plantea la fuente, es esa decisión dividida, y el correo de odio que sigue la convierte en una obsesión.

Correo de odio y una campaña de desprestigio

Lo que empuja a Apollo de vuelta al ring no es la ambición. Es el correo de odio. Desconocidos le escriben para afirmar que arregló la pelea para proteger su reinado como campeón. Weathers interpreta bien la obsesión, y la película es honesta sobre lo que la impulsa: un campeón que no puede aceptar que su victoria fue cerrada, y que arriesgará todo para probar que no lo fue.

Su entrenador y amigo Tony «Duke» Evers, interpretado por Tony Burton, le suplica que no lo haga. El argumento de Duke es específico y correcto. La capacidad de Rocky para absorber castigo es demasiado peligrosa para las posibilidades de Apollo de defender el título por segunda vez. Apollo exige que su equipo haga lo que sea necesario para provocar que Rocky salga del retiro de todos modos.

Rocky se casa con Adrian y conoce a un agente

Rocky, mientras tanto, disfruta de su nueva fama. Un agente lo ve como una mina de oro para endosos y patrocinios. El dinero repentino lo anima a proponerle matrimonio a Adrian, interpretada por Talia Shire, y ella acepta. Se casan en una ceremonia pequeña. Poco después, Adrian revela que está embarazada.

Este es el tramo donde Rocky II decae. La película quiere mostrar a un boxeador que no puede funcionar fuera del ring, y lo hace, pero se toma su tiempo. La educación limitada y el analfabetismo de Rocky lo llevan a problemas financieros. Hace varios intentos fallidos de encontrar trabajo. La imagen es bastante clara: el hombre que podía aguantar el mejor golpe de Apollo Creed no puede llenar un formulario.

Adrian, Paulie y la gente alrededor del ring

Burt Young regresa como Paulie Pennino, el mejor amigo de Rocky convertido en cuñado, y Burgess Meredith regresa como Mickey Goldmill, el mánager y entrenador que es un ex peso gallo de los años veinte y es dueño del gimnasio local. Ambos están bien. Meredith en particular le da a Mickey una voz ronca que hace que las escenas de entrenamiento impacten más de lo que deberían.

Shire carga con el peso más grande. Durante el parto de su primer hijo, Adrian entra en coma durante una gran parte de la película. Shire interpreta las partes silenciosas de eso sin forzar, y la película mejora por ello.

El elenco es profundo en papeles pequeños. Joe Spinell regresa como Tony Gazzo, el prestamista y antiguo empleador de Rocky. Sylvia Meals interpreta a Mary Anne Creed. Seargeoh Stallone aparece sin acreditar como Robert «Rocky» Balboa Jr., el recién nacido. Paul Micale interpreta al Padre Carmine. Frank McRae aparece como capataz de una carnicería, sin acreditar. Jeff Temkin es el anunciador del ring. El árbitro Lou Filippo y los comentaristas Brent Musburger, Stu Nahan y Bill Baldwin aparecen como ellos mismos. El pintor LeRoy Neiman aparece sin acreditar en las escenas de entrenamiento, dibujando un retrato de Apollo.

Stallone dirige, y las lesiones se notan

Stallone escribió el guion y lo terminó en 1977. El desarrollo comenzó ese año. La fotografía principal empezó en 1978, principalmente en locaciones de Filadelfia, y Stallone sufrió varias lesiones durante el rodaje. La película está dedicada a la fallecida Jane Oliver, la primera agente de Stallone.

Esa dedicación importa más de lo que podría parecer. Rocky II es una película hecha por personas que sabían que la primera fue un golpe de suerte en sí mismo, y que estaban decididas a demostrar que podían hacerlo de nuevo a propósito.

Lo que funciona y lo que se estanca

El final es la razón para verla. La batalla culminante entre el «Maestro del Desastre» y el «Semental Italiano» es brutal e inolvidable, y se gana su lugar en una película de 119 minutos. El eslogan promete otro tanto: «Una vez luchó por un sueño. ¡Ahora lucha por amor!» La película se lo toma literalmente.

La hora intermedia es el problema. Rocky II no tiene un antagonista real durante largos tramos, porque Apolo está en su propia historia y Rocky en la suya. Esa es la impresión de este periódico, no algo que la película anuncie. La subtrama de los problemas financieros pretende darle a Rocky una razón para decir sí, pero nunca se siente como una razón. Se siente como una demora.

La película también tiene una relación extraña con la inteligencia de su propio héroe. El analfabetismo de Rocky se trata como un mecanismo de la trama más que como un rasgo del personaje. Existe para meterlo en problemas de dinero y luego para quitarlo del medio para que la pelea pueda ocurrir.

La taquilla de 1979 y las reseñas

Rocky II se estrenó en Estados Unidos el 15 de junio de 1979, distribuida por United Artists. Recaudó 200,1 millones de dólares en todo el mundo y 85 millones en Norteamérica. Eso la convirtió en la tercera película más taquillera de 1979 a nivel nacional y la segunda más taquillera a nivel mundial. Las reseñas fueron en general positivas, con elogios para la caracterización, el final y la actuación de Stallone.

Esos elogios son en su mayoría justos. La caracterización es mejor de lo que una secuela necesita ser. El final es mejor que el resto de la película. La actuación de Stallone es el ancla, y las escenas tranquilas son donde hace más con menos.

Qué partes de Rocky II importan realmente

Esto es lo que este periódico opina al respecto. Rocky II es una secuela que entiende mejor su propia premisa que su propio nudo. El material de Apollo Creed es el hilo más sólido de la película, y es el hilo que la película sigue abandonando. Una versión de Rocky II que se mantuviera con el correo de odio de Apollo y las advertencias de Duke sería una película más afilada que la que pasa su segundo acto viendo a Rocky fracasar en trabajos.

El coma de Adrian es la verdadera apuesta de la película, y da resultado. Le da al último acto una apuesta que el boxeo no puede aportar por sí solo, y hace que la revancha trate de algo más que un cinturón. Sin eso, Rocky II son dos hombres ajustando cuentas. Con eso, es un hombre peleando por una razón.

La dirección es competente más que distintiva. Stallone consiguió el trabajo al negarse a permitir que la película se hiciera sin él, y no se avergüenza. Pero la ausencia de Avildsen se siente, y eso es un juicio, no un hecho que la fuente entregue. La primera película tenía una textura que esta carece.

Clasificados de más fuerte a más débil, según la lectura de este periódico, las partes funcionales de la película se desglosan así:

  1. El hilo del correo de odio de Apollo Creed, que le da a la revancha un verdadero motor psicológico.
  2. El coma de Adrian, que convierte una pelea de boxeo en una apuesta personal.
  3. La pelea culminante en sí, que es brutal y se gana su duración.
  4. El Mickey de Burgess Meredith, una actuación secundaria que sostiene las escenas de entrenamiento.
  5. La subtrama del agente de patrocinios, que prepara el matrimonio pero nunca da frutos.
  6. El acto medio de búsqueda de trabajo, que estanca la película durante aproximadamente una hora.

Lo que mejor se sostiene es la estructura del problema de Apollo. Un campeón que no puede aceptar que su victoria fue ajustada, y que arriesgará todo para demostrar que no lo fue, es un motor mejor que el que consiguen la mayoría de las secuelas deportivas. Rocky II lo desaprovecha, y aun así acierta el golpe.

Las lesiones que Stallone sufrió durante el rodaje no se ven en pantalla de ninguna manera que ayude. Lo que se ve es a un cineasta que sabía cómo tenía que ser el final y trabajó hacia atrás desde ahí, y que dejó que el nudo divagara porque confiaba en que el final lo sostendría. En su mayor parte, lo hace.

Rocky II no es la película que fue la primera. Es una secuela que se gana sus últimos veinte minutos y se sostiene en el resto. Eso es un logro real y una limitación real, y ambos están en pantalla a la vez. La pelea vale la espera. La espera es más larga de lo que necesita ser.

Puntuación: 6,1 de 10

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