Jumanji llegó en diciembre de 1995 con un juego de mesa en su centro y una promesa simple: cada tirada saca algo de la selva y lo trae a la sala. Joe Johnston dirigió a partir de un guion de Jonathan Hensleigh, Greg Taylor y Jim Strain, basado en el libro ilustrado de 1981 de Chris Van Allsburg. TriStar Pictures la distribuyó a través de Sony Pictures Releasing, con Interscope Communications y Golden Mean Productions como productoras. La película dura 104 minutos y lleva un eslogan que dice exactamente lo que cree que es: «It’s a jungle in here».
Tráiler, vía Sony Pics at Home.
Un niño tragado en 1969
La historia comienza en Brantford, New Hampshire, en 1969. Alan Parrish es un estudiante de secundaria con un padre, Sam, que es dueño de una fábrica de zapatos y de una discusión a punto de estallar. Alan daña un prototipo de zapato hecho por Carl Bentley, un empleado de la fábrica, y Carl asume la culpa y pierde su trabajo. Alan encuentra el tablero de Jumanji en un sitio de construcción, enterrado un siglo antes, y lo lleva a casa. Él y su amiga Sarah Whittle empiezan una partida. Alan tira, un mensaje le dice que espere en una selva hasta que alguien saque un cinco o un ocho, y es arrastrado hacia adentro.
Pasan veintiséis años. Judy y Peter Shepherd se mudan a la mansión Parrish vacía con su tía Nora después de que sus padres mueren en un accidente durante un viaje de esquí en Canadá. Encuentran el juego en el ático y juegan. Llegan mosquitos gigantes y una tropa de monos. Peter saca un cinco, lo que libera a un león y a un Alan adulto, interpretado por Robin Williams, de vuelta en la casa.
Robin Williams y las reglas
El mecanismo es la mejor idea de la película y su carga más pesada. Cada turno produce un peligro, y las reglas dicen que todo se restablece cuando termina el juego. Eso le da a Jumanji un reloj, una razón para seguir tirando y una manera de deshacer lo que sea que rompa. También significa que la película tiene que superarse una y otra vez, y las criaturas —rinocerontes, monos, un león, un cazador llamado Van Pelt— llegan como números de espectáculo más que como una historia que se construye hacia algo.
Williams interpreta a Alan como un hombre que perdió 26 años y no tiene forma de recuperarlos. Es un papel extraño para él, más silencioso que su registro habitual, y la película no siempre sabe qué hacer con la melancolía que aporta. Jonathan Hyde hace un doble papel como Van Pelt, el cazador de caza mayor que persigue a Alan, y como Sam Parrish, el padre de Alan. Bonnie Hunt interpreta a la Sarah adulta, ahora una adivina marcada por la desaparición de Alan. Kirsten Dunst y Bradley Pierce se encargan de Judy y Peter, y Carl, de David Alan Grier, regresa como oficial de policía. Bebe Neuwirth interpreta a Nora.
«Es una selva aquí adentro.»
Lo que el juego de mesa no puede arreglar
La premisa es lo suficientemente sólida como para que las secuelas de la película siguieran volviendo a ella. Jumanji: Welcome to the Jungle llegó en 2017 y Jumanji: The Next Level en 2019, con Jumanji: Open World prevista para 2026. Una serie animada se emitió de 1996 a 1999, y Zathura: A Space Adventure se derivó en 2005. La película de 1995 recaudó 263 millones de dólares en todo el mundo con un presupuesto de unos 65 millones y terminó como la décima película más taquillera del año.
También recibió críticas mixtas, y esa división se mantiene. Los efectos han envejecido de manera desigual, el ritmo decae entre tiradas, y el hilo emocional sobre el padre de Alan nunca cala tan fuerte como debería. Lo que sobrevive es la premisa y Williams. Un juego de mesa que castiga cada movimiento es un motor limpio y cruel, y la película lo entiende mejor de lo que entiende a sus propios personajes. Judy y Peter reciben una historia de fondo de padres muertos que el guion usa principalmente como razón para que estén en la casa.
El veredicto sobre Jumanji
Jumanji es una aventura familiar que funciona como premisa y se deja llevar como película. No es un desastre, y tampoco es un clásico. Las mejores escenas son aquellas en las que el juego hace algo y el elenco tiene que reaccionar, lo cual es un elogio al concepto y un reproche al guion. Williams sostiene el centro, y Hunt le hace juego en la segunda mitad, pero la película sigue cambiando personaje por criatura.
Las secuelas eventualmente resolverían el problema haciendo del propio juego la broma. La original de 1995 lo toma más en serio, y esa seriedad es tanto su dignidad como su límite. Vale la pena verla una vez por la idea y por Williams, y no vale la pena discutir más allá de eso.
5,6 de 10
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