Annie Dillard falleció esta semana a la edad de 81 años. Fue llamada una escritora de naturaleza, y escribió sobre comadrejas, ardillas, ratas almizcleras y caracoles, árboles de cedro y caoba, palomas torduencas, polillas y un escarabajo de agua gigante que muerde a una pequeña rana. Pero la naturaleza que realmente escribió fue el misterio de la vida misma.
Dillard ganó el Premio Pulitzer de No Ficción General a la edad de 28 años, convirtiéndose en la mujer más joven en ganar el premio. Su libro Pilgrim at Tinker Creek trajo ese galardón. Comenzó el libro recordando a su viejo gato atigrado, que saltaba por la ventana del dormitorio después de rondar fuera de su casa en la zona rural de Virginia. Y algunas mañanas, se despertaba a la luz del día con su cuerpo cubierto de huellas de patas en sangre.
«Parecía que me habían pintado con rosas. La señal en mi cuerpo podría haber sido un emblema o una mancha, las llaves del reino o la marca de Caín. Nunca lo supe.»
Continuó: «Nos despertamos, si es que alguna vez nos despertamos, al misterio, rumores de muerte, belleza, violencia.» Una mujer le dijo recientemente: «‘Parece que nos dejaron aquí,’ dijo una mujer a mí recientemente, ‘y nadie sabe por qué’.»
La Sangre en Su Cuerpo
Dillard describe despertarse para encontrar su piel marcada con las huellas de patas ensangrentadas del gato atigrado, y se pregunta qué podrían significar esas marcas. ¿Son una señal de gracia o una marca de vergüenza? Nunca lo supo. Esa incertidumbre — esa sensación de ser tocada por algo más allá de la explicación — se convirtió en el motor de su escritura.
Su prosa llevaba una especie de peso bíblico. Se describió a sí misma como «espiritualmente promiscua», encontrando ideas en todas las emociones religiosas. No estaba atada a ninguna fe en particular, pero sacaba libremente de todas ellas. Esa disposición a deambular entre tradiciones le dio a su trabajo una textura particular — una que mezclaba reverencia con curiosidad, y esa curiosidad a menudo se asentaba en las preguntas más básicas sobre la existencia.
Lo Que Alguna Vez Sabemos
En su colección de ensayos de 1989, The Writing Life, Dillard preguntó una pregunta que captura el núcleo de su proyecto:
«¿Qué sabemos alguna vez que es más alto que ese poder que, de vez en cuando, se apodera de nuestras vidas y nos revela asombrosamente a nosotros mismos como criaturas puestas aquí, confundidas?»
La pregunta es simple. Ella creía que los momentos de revelación — esos tiempos en que nos vemos claramente a nosotros mismos — son las verdades más altas que podemos comprender. No son ideas abstractas. Son la experiencia cruda de estar vivos.
El Don del Ahora
Dillard pasó su carrera instando a los escritores a dar a otros su mejor material. Advirtió contra la acumulación de buenas líneas para libros o capítulos posteriores. En cambio, dijo, regálenlo todo ahora.
«No acumulen lo que parece bueno para un lugar posterior en el libro o para otro libro; denlo, denlo todo, denlo ahora.»
Ese consejo aplica mucho más allá de la escritura. Es una lección sobre la vida. La tarde es corta. No pueden llevársela consigo.
Pasando la Tarde
En Peregrino en el arroyo Tinker, Dillard escribió palabras sobre la vida que podríamos llevar con nosotros hoy — y ella lo quiso decir ahora mismo, esta mañana.
«Pasen la tarde.»
El mensaje es simple: vivan plenamente mientras puedan. El día pasará de todas formas, así que hagan algo de él.
Una Vida Cariñosamente Desconcertada
Cuando nos dejó esta semana, Dillard aún parecía cariñosamente desconcertada por las bellezas y los peligros que abundan en la tierra. Buscó significado con sus palabras, y su escritura abrió comprensión a otros.
Su trabajo no se trataba solo de la naturaleza. Se trataba de la naturaleza del ser humano. Escribió sobre las pequeñas cosas — la huella de una pata de gato, un insecto mordiendo a una rana — y en ellas encontró las preguntas más grandes.
El legado de Annie Dillard
La escritura de Dillard ha sido ampliamente leída. Su libro, ganador del premio Pulitzer, se erige como un hito de la no ficción, y sus ensayos continúan siendo estudiados.
La tabla a continuación enumera algunas de las obras más destacadas sobre la naturaleza, incluido el libro de Dillard, ganador del premio Pulitzer.
| Obra | Autor | Tema |
|---|---|---|
| Peregrino en el arroyo Tinker | Annie Dillard | Naturaleza y misterio |
La preocupación de Dillard era lo inescrutable: la sensación de que siempre estamos despertando a algo que no podemos comprender completamente.
Palabras finales
Una de las cosas que Dillard sabía sobre la escritura era que la tarde es un regalo. No se puede llevarlo consigo. El momento pasa, y le queda lo que hizo de él.
Su propia vida fue un modelo de esa verdad. Se apropió del poder que nos domina, y se reveló a sí misma de forma asombrosa como una criatura establecida aquí, perpleja. Nunca dejó de hacer las preguntas, y nunca dejó de dar sus respuestas.
El legado de Dillard no es un conjunto de respuestas. Es un conjunto de preguntas —preguntas sobre el misterio, sobre la belleza, sobre la violencia, sobre la marca de Caín. Esas preguntas sobrevivirán a ella, y mantendrán a los lectores despiertos para maravillarse.
La marca en su cuerpo —las huellas de pata en sangre— fue tanto un emblema como una mancha. Nunca supo cuál era. Esa incertidumbre es el quid de la cuestión. Despertamos al misterio, y pasamos la tarde tratando de entenderlo.
La escritura de Dillard abrió la comprensión a otros. Hizo las preguntas difíciles y se negó a dar respuestas fáciles. Sus palabras fueron directas y hermosas, y lo siguen siendo hoy. Pásenle la tarde. No pueden llevársela consigo.
Fuente: “Opinion: Remembering Annie Dillard, nature writer,” NPR.
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