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El experimento de Stanley Milgram de 1961 demuestra cuán fácilmente las personas obedecen órdenes que saben que son incorrectas. )

Vistan el impactante video del estudio de obediencia de Milgram, donde voluntarios sometieron a un aprendiz a descargas eléctricas por instigación de una figura de autoridad.

Por mitch·10 min de lectura
A man looks distressed as he administers electric shocks to a learner during a psychology experiment.

Stanley Milgram quería saber por qué personas buenas hacen cosas malas. En 1961, el psicólogo de Yale diseñó un experimento que se convertiría en uno de los estudios más famosos —y más inquietantes— en psicología. El montaje era simple: un maestro administra descargas eléctricas a un aprendiz cada vez que comete un error. El truco es que el aprendiz es en realidad un actor, las descargas son falsas y el maestro es un voluntario que cree que el experimento es real.

Los resultados fueron brutales. La mayoría de los voluntarios seguían aplicando descargas mucho después de que habían dicho que querían detenerse. El metraje, ahora disponible en línea, muestra la tensión en tiempo real. Un hombre que administra las descargas se vuelve cada vez más incómodo, casi saliendo. Cuando se le pregunta quién es responsable, señala al experimentador, quien dice: «Soy responsable», y el hombre cede. El aprendiz grita, golpea la pared y finalmente deja de responder por completo. El maestro observa, visiblemente angustiado, pero continúa bajo presión.

Este es el experimento de Milgram, y todavía atormenta a la psicología hoy.

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La Pregunta que Milgram Planteó

El experimento surgió de una cuestión que pesaba mucho sobre los psicólogos a mediados del siglo XX. Después de la Segunda Guerra Mundial, el mundo luchaba por entender cómo pudo ocurrir el Holocausto. ¿Cómo se convirtieron personas comunes en participantes dispuestos en el asesinato en masa?

Los psicólogos estaban ansiosos por responder. Milgram sospechaba que la respuesta era más simple de lo que pensaban los teóricos anteriores. Se preguntó si Eichmann y sus millones de cómplices simplemente estaban siguiendo órdenes. ¿Podían ser todos considerados cómplices?

El experimento fue diseñado para probar la obediencia a la autoridad. Milgram quería ver hasta dónde podía llevar al estadounidense promedio para que administrara descargas eléctricas dolorosas a otro ser humano.

Cómo Funcionó el Experimento

Milgram reclutó participantes para un estudio sobre los efectos del dolor en el aprendizaje. En realidad, el estudio de Openculture era sobre la obediencia. Los participantes llegaron al laboratorio y sacaron papeles para asignar roles. Un hombre siempre era designado como «maestro» y el otro era un cómplice que interpretaba al «aprendiz».

La tarea era simple. El maestro leía al aprendiz una lista de pares de palabras, luego probaba la memoria recitando una palabra y pidiéndole al aprendiz que nombrara una de las cuatro palabras asociadas. Los errores eran castigados con descargas eléctricas. El maestro no podía ver al aprendiz pero escuchaba sus gritos. Cada error costaba a la persona que trabajaba con el aprendiz 15 voltios, y las descargas aumentaban a través de una escala marcada «Ligera descarga», «Moderada», «Fuerte», «Muy fuerte», «Intensa» y finalmente «XXX».

Se utilizaron cuatro declaraciones autoritarias para impulsar a los participantes hacia adelante:

  • Por favor, continúe.
  • El experimento requiere que usted continúe.
  • Es absolutamente esencial que usted continúe.
  • No tiene otra opción, debe continuar.

Los Resultados Fueron Impactantes

Milgram descubrió que 26 de los 40 participantes obedecieron las instrucciones, administrando descargas hasta «XXX». Los dos últimos interruptores estaban simplemente marcados «XXX». Incluso cuando el aprendiz gritaba, golpeaba las paredes con agonía y parecía recibir 300 voltios, los participantes persistían. Eventualmente, el aprendiz simplemente dejó de responder.

Los participantes expresaron repetidamente su deseo de detenerse. Mostraron signos evidentes de extremo malestar. Milgram describió a un hombre de negocios que «se redujo a un montón de temblores y tartamudeos» en 20 minutos, murmurando: «Oh Dios, detengámoslo». Sin embargo, continuó respondiendo a cada palabra del experimentador y obedeció hasta el final.

El video captura el momento. El hombre que administra la descarga se pone cada vez más incómodo, casi saliendo. Pregunta: «¿Quién va a asumir la responsabilidad de lo que le suceda a ese caballero?». Cuando el experimentador responde: «Soy responsable», el hombre cede. A medida que el aprendiz se pone cada vez más angustiado, quejándose de su corazón y pidiendo ser liberado, el participante expresa sus objeciones pero parece paralizado, volviendo tímidamente a mirar al experimentador, incapaz de irse.

El Debate Ético

El experimento planteó serias cuestiones éticas desde el principio. Los críticos objetaron el engaño y la falta de una adecuada información posterior a los participantes. Algunos argumentaron que Milgram sobreenfatizó la propensión de la naturaleza humana a la obediencia ciega. El experimentador a menudo instaba a los participantes a continuar muchas más veces de lo permitido por las cuatro frases estándar, según algunos críticos.

Las réplicas tienden a confirmar los hallazgos de Milgram. Modificar el procedimiento puede alterar el cumplimiento: tener al experimentador hablar con los participantes por teléfono en lugar de permanecer en la misma habitación reduce las tasas de obediencia. Pero la dinámica central se mantiene. Ya sea instado una vez o una docena de veces, las personas tienden a aceptar el yugo de la autoridad como absoluto, renunciando a su propia agencia en el dolor que infligen.

Parece que la naturaleza humana no tiene inclinaciones maniqueas — simplemente una tendencia plástica.

Observando el video

El video muestra la insidiosa simplicidad de la instalación. El hombre que administra la descarga se siente cada vez más incómodo con su papel en los procedimientos, casi saliendo. Pregunta: «¿Quién va a asumir la responsabilidad de cualquier cosa que le suceda a ese caballero?». Cuando el experimentador responde: «Soy responsable», el hombre cede. A medida que la persona que recibe las descargas se pone cada vez más angustiada, quejándose de su corazón y pidiendo que lo dejen salir, el participante expresa sus objeciones pero parece paralizado, volviendo a mirar al experimentador con vergüenza, incapaz de irse.

El experimento desató una bomba cuyo impacto se siente aún hoy. Los hallazgos han sido replicados, debatidos y defendidos. Pero el video sigue siendo perturbador.

Trabajos relacionados

El experimento de Milgram es parte de una tradición más amplia de investigación psicológica que empuja los límites del comportamiento humano. Otros estudios clásicos incluyen el Experimento de la Prisión de Stanford, que exploró el poder de los roles sociales, y los experimentos de conformidad de Asch, que pusieron a prueba la presión para conformarse a las normas grupales.

Estos estudios comparten un hilo común: la disposición de las personas a subordinar su propio juicio a la autoridad. El trabajo de Milgram muestra que la obediencia no es solo una cuestión de personalidad. También es una cuestión de contexto.

El legado de Milgram

El trabajo de Milgram ha sido criticado, pero sus resultados perduran. El experimento sigue siendo un referente en las discusiones sobre la obediencia, la autoridad y la toma de decisiones morales. Plantea preguntas sobre cómo las instituciones moldean el comportamiento y cómo los individuos navegan por lealtades conflictivas.

Los hallazgos han sido replicados, debatidos y defendidos. Pero el material fílmico sigue siendo perturbador. Muestra a un aprendiz que no es dañado, sino que solo actúa con dolor, mientras un maestro lucha con la elección de seguir aplicando descargas.

Caja de Datos Clave

  • Año: 1961
  • Experimento: Obediencia a la Autoridad
  • Lugar: Universidad de Yale
  • Participantes: 40 en total, 26 obedecieron hasta «XXX»
  • Escala de descargas: Descarga leve → XXX
  • Declaraciones de la autoridad: 4 (Por favor, continúe… No tiene otra opción.)
  • Material fílmico: Disponible en línea

Tabla Comparativa

Detalle El Experimento de Milgram (
Escenario ( Laboratorio de la Universidad de Yale (
Asignación de roles ( Trozos de papel (
Administración de descargas eléctricas ( Botones visibles (
Tasa de obediencia ( 26 de 40 obedecieron (
Engaño ( Engaño total (

Qué Sacamos de Esto (

El experimento de Milgram es una advertencia. Demuestra cuán fácilmente las personas pueden ser llevadas a actuar en contra de su propio juicio cuando está presente una figura de autoridad. Las imágenes hacen que esa advertencia sea concreta. No es una teoría abstracta. Es un hombre luchando por salir de una habitación mientras otros le instan a seguir aplicando descargas eléctricas. Es un aprendiz gritando de dolor mientras un maestro permanece congelado, incapaz de actuar de acuerdo con sus propios instintos.

El experimento ha sido criticado por sus métodos. Pero los hallazgos se han mantenido firmes. La gente obedece a la autoridad incluso cuando cree que está lastimando a alguien. Ese hecho es inquietante, y debería serlo.

Es un recordatorio de que las instituciones moldean el comportamiento tanto como el carácter individual. La lección no es que la gente sea monstruosa. Es que la gente es vulnerable a los sistemas que exigen obediencia.

El experimento de Milgram es un hito en la psicología. Cambió la forma en que pensamos sobre la obediencia, la autoridad y los límites de la resistencia individual. Las imágenes son difíciles de ver. Pero vale la pena verlas.

Muestra lo que sucede cuando se le dice a la gente que haga algo que creen que está mal. Muestra el poder de la autoridad para anular la conciencia. Muestra la fragilidad de la convicción moral frente a la presión institucional.

El experimento es un espejo. Refleja los peores impulsos de la naturaleza humana: la disposición a dañar a otros cuando se les dice que lo hagan. Pero también refleja la capacidad de resistencia. Los participantes que protestaron, que expresaron su incomodidad, que estuvieron a punto de marcharse, muestran la posibilidad de rechazar la autoridad.

El experimento de Milgram no es cómodo. Pero es necesario. Nos obliga a confrontar los mecanismos que impulsan el daño colectivo. Nos recuerda que la línea entre el bien y el mal no siempre está clara. A menudo está trazada por las circunstancias, por los roles que se nos asignan, por los comandos que recibimos.

El experimento es una advertencia. Las imágenes son perturbadoras. Pero el mensaje es claro. Cuando la autoridad le dice que le haga daño a alguien, usted tiene una elección. Puede obedecer. O puede marcharse.

Esa es la lección de Milgram. Ese es el legado de su trabajo. Y esa es la pregunta a la que su experimento nos obliga a responder.

El experimento de Milgram es un espejo. Mírenlo. Observen la incomodidad, la vacilación, los momentos de protesta. Luego, miren su propia vida. Consideren los roles que desempeñan, las autoridades a las que obedecen, los comandos que siguen sin cuestionar.

El experimento de Milgram es un desafío. Nos invita a examinar nuestra propia obediencia. Nos invita a considerar cuándo podríamos negarnos. Nos invita a recordar que la línea entre el bien y el mal es más delgada de lo que pensamos.

El experimento es una advertencia. Las imágenes son perturbadoras. Pero el mensaje es claro. Cuando una autoridad les dice que lastimen a alguien, tienen una opción. Pueden obedecer. O pueden marcharse.

Esa es la lección de Milgram. Ese es el legado de su trabajo. Y esa es la pregunta que su experimento nos obliga a responder.

El experimento de Milgram es un espejo. Mírenlo. Observen la vulnerabilidad. Observen la fortaleza. Observen la posibilidad de negarse. Y luego decidan qué harán cuando llegue la orden.

El experimento es una advertencia. Las imágenes son perturbadoras. Pero el mensaje es claro. Cuando una autoridad les dice que lastimen a alguien, tienen una opción. Pueden obedecer. O pueden marcharse.

Esa es la lección de Milgram. Ese es el legado de su trabajo. Y esa es la pregunta que su experimento nos obliga a responder.

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