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Cómo el trabajo silencioso de preservación de una bibliotecaria convirtió la tesis de un hombre en un libro. )

La silenciosa preservación de una pila polvorienta de papeles en un sótano por parte de una bibliotecaria convirtió una tesis en un libro, una historia del vínculo mutuamente desconcertante entre investigador y custodio de registros. )

Por mitch·7 min de lectura
A librarian pushes a cart of dusty boxes through a dim storage room, guarding forgotten records.

Matthew J. Prigge ha escrito un ensayo titulado «La ‘Mutuamente Confusa’ Relación Entre Bibliotecario e Investigador», para contar la historia de cómo el trabajo silencioso de preservación de una bibliotecaria transformó su carrera. La bibliotecaria salvó un montón polvoriento de papeles en un sótano que convirtió una tesis en un libro, y Prigge quiere que todos lo sepan.

Prigge entró en el campo de las bibliotecarias de la misma manera en que un parroquiano se instala a atender la barra: permaneciendo mucho tiempo en el mostrador para admirar a la persona al otro lado, y luego decidiendo que probablemente podría manejarlo para vivir. Antes de pensar en cambiar, ya había publicado algunos libros. Su admiración por el trabajo comenzó mientras aún estaba en la escuela de posgrado, donde pasó semanas en la biblioteca del centro en Milwaukee investigando la antigua junta de censores de películas de la ciudad para su tesis de maestría en historia.

Un día, una bibliotecaria se le acercó desde atrás e indicó una pila de cajas que contenían papeles y tarjetas, un registro completo de cada imagen que la junta de censores había examinado a lo largo de cuatro décadas. El comentario de la bibliotecaria lo tomó por sorpresa; nunca la había conocido antes. «Creí que podría interesarle esto», comentó. «No creo que se haya procesado nunca. Estaba en el sótano. Los mantuve de que los tiraran a unos diez años.»

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El Carrito que Cambió Todo.

Esa fue una intervención menor. Probablemente menos de una gran postura para la preservación que una tibia «Guardémoslo solo por si acaso». La bibliotecaria encontró un lugar apartado para las cosas y las dejó allí durante una década antes de escuchar algunas palabras sobre el proyecto de Prigge. Decidió conseguir un carrito.

Prigge pensó que solo le quedaban uno o dos días trabajando en la biblioteca, pero esas seis semanas se extendieron mucho más allá de sus expectativas. Lo que comenzó como una tesis modesta creció hasta convertirse en un libro de extensión completa. Un cantinero hace lo mismo: hacen que tu vida sea más emocionante mientras también la hacen más difícil.

El Dilema del Patrón.

Prigge no es el único que disfruta de las complicaciones. Los bibliotecarios anhelan a los usuarios que crearán horas de trabajo extra. La mayor parte de las tareas de un bibliotecario son de bajo impacto. Trabajar en una biblioteca pública significa ayudar a las personas a iniciar sesión en correos electrónicos, mostrarles cómo usar la impresora y poner reservas en los libros más vendidos. La academia es similar: aquí es donde puede encontrar este libro, aquí es cómo accede a este artículo, ¿está seguro de que ha iniciado sesión en la VPN? Nunca están conectados a la VPN.

Entonces, cuando alguien aparece con una historia que está ansioso por contar —con una pregunta de investigación atada en un nudo del tamaño de una granada— el bibliotecario realmente aprecia las horas que pasará tratando de encontrar lo que el usuario espera que exista. La relación ideal entre investigador y bibliotecario es una que se confunde mutuamente.

De Tesis a Libro

Prigge comenzó un nuevo puesto como bibliotecario de la facultad en la Universidad de Marquette en Milwaukee en 2023. Pasó sus vacaciones de verano instalándose en el puesto, aprendiendo sobre las muchas bases de datos y colecciones digitales que la biblioteca ponía a disposición de sus usuarios. Una vez que abrió una colección digitalizada de publicaciones periódicas LGBTQ+, se encontró mirando una barra de búsqueda vacía y un cursor parpadeante.

Tuvo una revelación, recordando uno de sus muchos proyectos de libros perdidos y abandonados. ¿Cómo se llamaba, pensó? Hace años, había tenido una idea para un libro sobre la verdadera historia detrás de la película Dog Day Afternoon de 1975, en la que Al Pacino interpreta a un hombre gay que roba un banco de Brooklyn para pagar la cirugía de afirmación de género de su amante. Era una de sus películas favoritas de todos los tiempos, una historia cruda de amor y violencia y locura de mediados del verano que simplemente quería explorar más a fondo. Incluso había ideado un título: Dog’s Day.

La idea llegó a su fin con tan solo un concepto y un título de dos palabras. Sin embargo, una búsqueda en Wikipedia para «John Wojtowicz», el verdadero ladrón de bancos, produjo una gran cantidad de artículos. Esos artículos apuntaban a aún más artículos, mucho más de lo esperado. Los artículos llevaban nombres adjuntos a ellos. Algunos de esos escritores habían entregado sus trabajos a diversos archivos y bibliotecas. Dentro de esos trabajos había cartas, recortes y notas que ofrecían una mirada profunda a Wojtowicz, sus crímenes y su extraño grupo de amantes, enemigos y cómplices.

Después de realizar una primera visita a un archivo, siguieron más, cada vez con bibliotecarios añadiendo a su pila de material, encantados de escuchar acerca de su búsqueda de documentos. Este mes, el libro llega, manteniendo intacto su título original.

El Proyecto Que Murió

Un proyecto de investigación no siempre sale bien. Prigge comenzó otro proyecto después de terminar un borrador llamado Dog’s Day*. Seis meses de investigación después, se dio cuenta de que la idea no tenía el potencial que había esperado y tuvo que asumir sus pérdidas. Sucede. Algunos libros mueren en los archivos y eso está bien. Es mejor que permanezcan enterrados allí que caer en manos de algún lector aburrido.

Prigge, que trabaja como bibliotecario académico, se reúne con frecuencia con estudiantes para discutir sobre su investigación — las narrativas que desean transmitir y las consultas que pretenden resolver. La mayoría de ellos simplemente desean completar el período académico, pero unos pocos genuinamente sienten un interés profundo en este emprendimiento. Él así asume sus dificultades, generando tanto trabajo para ellos como sea posible. Les informa que los callejones sin salida no representan horas desperdiciadas y que siempre dependerán de sus fuentes. También les insta a nunca dudar antes de los bibliotecarios, ya que uno de ellos podría muy bien saber sobre una colección de cajas almacenadas en el nivel inferior del edificio.

Por Qué Importa el Sótano

Esta narrativa muestra que salvar cosas rara vez es un trabajo glorioso. Un bibliotecario simplemente encontró espacio para los papeles y los previno de ser descartados. Una década después, esas cajas se convirtieron en la base de un volumen.

Caja de Datos Clave

  • Libro: Dog’s Day de Matthew J. Prigge
  • Publicación: Sale este mes
  • Editorial: Counterpoint
  • El origen de Prigge: Autor y bibliotecario de Milwaukee; seis libros publicados.
  • Trabajo anterior: Un libro sobre la censura cinematográfica.

Lo que hacemos de ello

Prigge se topó con los registros de la junta de censura por casualidad más que por diseño. El libro sobre Dog Day Afternoon nunca fue su objetivo inicial. Una pregunta planteada en la biblioteca llevó a que un bibliotecario le acercara un carro lleno de documentos sin procesar. Este tipo de giro inesperado es lo que hace que la investigación sea tan gratificante.

El proyecto abandonado sirve como un recordatorio para ser humilde. Demuestra que no cada pista conduce a algún lugar. Sin embargo, los callejones sin salida aún tienen valor. Enseñan paciencia, muestran los límites de la información disponible y demuestran el valor de plantear preguntas que nadie más ha planteado.

La negativa de un bibliotecario a simplemente suministrar lo que un investigador solicita puede dificultar el trabajo de ese investigador, como concede Prigge. Sin embargo, esa fricción es el motor de la colaboración. Es la resistencia la que genera los resultados.

El personal detrás del mostrador de referencia es más que guardianes de libros, según el ensayo de Prigge. Son investigadores, archivistas y a menudo los únicos individuos conscientes de dónde se esconde el material interesante. No se debe pasar por alto el nivel inferior.

La historia de Prigge demuestra que cuando los bibliotecarios y los investigadores se conectan, pueden producirse resultados notables, incluso después de diez años y un carro lleno de cajas. La relación entre estas dos partes debe celebrarse en lugar de tratarse como un problema a solucionar.

Material de origen: “La relación “mutuamente confusa” entre el bibliotecario y el investigador”, Literary Hub.

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