Stargate es una película que intenta hacer dos cosas a la vez, y ninguna de las dos recibe la atención completa que merece. Roland Emmerich dirige y coescribe con Dean Devlin, y el resultado es una película que divide su cerebro entre una aventura de ciencia ficción pulp y una exploración seria y sombría del colonialismo. Ninguna de las dos mitades funciona, y las dos se interponen constantemente entre sí.
La premisa es bastante simple. Un enorme dispositivo en forma de anillo es desenterrado en Egipto, y resulta ser un generador de agujeros de gusano. Un lingüista llamado Daniel Jackson, interpretado por James Spader, descifra el código y envía a un equipo liderado por el coronel Jack O’Neil, interpretado por Kurt Russell, a través de la puerta hacia un planeta desértico lejano. Lo que encuentran allí es una sociedad construida en torno a una cultura similar a la egipcia, completa con pirámides y un rey-dios llamado Ra que gobierna sobre ellos.
La premisa es inteligente. La ejecución no lo es.
Tráiler, vía Amazon MGM Studios.
Daniel Jackson y el agujero de gusano
Spader interpreta a Jackson como un académico brillante pero torpe, el tipo de hombre que preferiría estudiar jeroglíficos antes que lidiar con personas. Su actuación es sólida, y vende la curiosidad intelectual que impulsa la historia. Russell es lo opuesto: un soldado endurecido que perdió a su hijo por suicidio y está dispuesto a morir en esta misión. Su química es el mayor activo de la película, incluso cuando el guion a su alrededor es débil.
La tecnología del agujero de gusano se explica de una manera que es a la vez ingeniosa y frustrante. Jackson descifra las coordenadas haciendo coincidir constelaciones estelares con símbolos en el anillo. Cada uno de los siete chevrones se traba en su lugar, y cuando los siete están activados, la puerta se abre. Es una idea simple, y la película se apoya mucho en ella. Pero la explicación se da una vez y nunca se retoma, lo que significa que las escenas posteriores que dependen de que la audiencia recuerde esos detalles se sienten apresuradas.
Ra y la lectura colonial
La película quiere ser una crítica del colonialismo. Ra es un poderoso alienígena que ha tomado un anfitrión humano y ha esclavizado al pueblo del planeta. Es interpretado por Jaye Davidson, quien ofrece una actuación genuinamente inquietante. La película establece un paralelo claro entre el gobierno de Ra y el colonialismo europeo en África, con los humanos del planeta siendo tratados como súbditos en lugar de iguales.
Pero la analogía está trazada de manera torpe. La película dedica tanto tiempo a las secuencias de acción y a las escenas de persecución que el mensaje político queda sepultado bajo explosiones y disparos. Cuando la película finalmente intenta plantear su punto sobre el poder y la dominación, el peso de la hora anterior de espectáculo ha diluido cualquier impacto real.
El templo y la pirámide
El diseño visual del planeta es el otro punto fuerte de la película. Los templos son masivos, las pirámides se alzan sobre el paisaje, y la arquitectura alienígena es genuinamente extraña y hermosa. El diseño de producción de la película se inspira en gran medida en motivos egipcios, y el resultado es un mundo que se siente a la vez antiguo y alienígena.
Pero el templo mismo se convierte en un problema. Jackson busca los símbolos necesarios para regresar a casa, pero el complejo de la pirámide carece de cualquier marca visible. Esto lo obliga a vagar por los pasillos, buscando pistas, y el ritmo se vuelve lento. La película intenta construir tensión, pero la falta de marcas visibles hace que el público se pregunte qué está haciendo Jackson y por qué.
La batalla contra Ra
El clímax es un gran número escénico que involucra una batalla contra las fuerzas de Ra. Está bien montado y presenta algunos efectos prácticos impresionantes, pero también se siente como una decepción. La película ha dedicado tanto tiempo a construir las apuestas que el enfrentamiento final se siente apresurado y anticlimático. Ra es derrotado, el equipo escapa y la puerta se cierra, pero la recompensa emocional está ausente.
La actuación de Kurt Russell en estas escenas es lo más destacado. Interpreta a O’Neil como un hombre plenamente consciente de que puede no sobrevivir, y esa resignación da peso a sus acciones. El eslogan de la película promete un viaje a un millón de años luz de casa, pero nunca entrega del todo el viaje emocional de regreso.
Los números detrás de la película
- Duración: 121 minutos
- Género: Acción, Aventura, Ciencia ficción
- Presupuesto de producción: 55 millones de dólares
- Recaudación mundial: 196,6 millones de dólares
- Dirigida por Roland Emmerich, escrita por Roland Emmerich y Dean Devlin
El reparto de la película se completa con Viveca Lindfors como Catherine, Alexis Cruz como Skaara, Mili Avital como Sha’uri, Erick Avari como Kasuf, John Diehl como el teniente Kawalsky, Djimon Hounsou como Horus, Carlos Lauchu como Anubis, Leon Rippy como el general W.O. West y French Stewart como el teniente Ferretti. El reparto secundario es competente, pero ninguno de ellos recibe el desarrollo que obtienen Jackson y O’Neil.
La recepción de la película fue mixta. Su atmósfera, su historia, sus personajes y su contenido gráfico fueron tanto elogiados como criticados. Esa mezcla de elogios y críticas se refleja en la puntuación crítica de 4,2/10, una cifra que captura la irregularidad de la película. Es una película que hace algunas cosas muy bien y otras mal, y los elementos malos arrastran a los buenos.
Stargate es una película imperfecta pero entretenida. Tiene una gran premisa, un reparto sólido y algunas imágenes impresionantes. Pero sus problemas de ritmo, sus temas poco desarrollados y su clímax apresurado le impiden alcanzar la grandeza. Vale la pena verla por las ideas que hay detrás, pero no por la ejecución de estas.
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