Qué bello es vivir, de Frank Capra, llegó en 1946 como un drama fantástico navideño que pocos esperaban que se convirtiera en un clásico de las fiestas. Está protagonizada por James Stewart como George Bailey, un hombre de Bedford Falls que ha pasado su vida dando a los demás y que, en Nochebuena, está a punto de quitarse la vida. La película dura 131 minutos. Fue nominada a cinco premios Óscar, incluido el de mejor película, y aun así perdió dinero.
Tráiler, vía Paramount Movies.
George Bailey y los 8.000 dólares
La historia gira en torno al dinero y lo que cuesta ser decente. George mantiene con vida la Bailey Brothers Building and Loan frente a Henry F. Potter, el avaricioso miembro del consejo que posee la mayor parte del pueblo. George entrega sus ahorros para la matrícula a su hermano Harry. Él y Mary Hatch, interpretada por Donna Reed, renuncian a su luna de miel para mantener solvente la empresa durante una corrida bancaria. En Nochebuena, el tío Billy pierde 8.000 dólares y empiezan los problemas de George.
Ese es el motor de la película: los pequeños y poco glamorosos sacrificios de un hombre, acumulados hasta tal punto que se convierten en una vida.
Clarence Odbody se gana sus alas
La intervención viene de lo alto. Clarence Odbody, un ángel de la guarda de segunda clase interpretado por Henry Travers, es asignado para salvar a George y así poder ganar sus alas. Clarence le muestra las vidas que tocó y cómo sería Bedford Falls si él nunca hubiera existido. Lionel Barrymore interpreta a Potter. Thomas Mitchell interpreta al tío Billy.
Capra eligió a Stewart sin que Stewart conociera antes la historia, según la autobiografía de Capra. También se consideró a Henry Fonda. Ginger Rogers rechazó el papel de Mary porque lo consideró «demasiado insulso», una decisión que después cuestionó en sus memorias. Para 17 papeles secundarios, Capra consideró a más de 170 actores consagrados.
Las actuaciones se sostienen porque Stewart interpreta a un hombre bueno que no sabe que lo es. Ese fue el papel más difícil de repartir, y Capra lo sabía.
Esto es lo más importante de Qué bello es vivir, en orden:
- El George de Stewart, todo el argumento de la película en una sola actuación.
- El acto final, donde el recorrido de Clarence convierte el sentimentalismo en algo merecido.
- La Mary de Donna Reed, más cálida y mordaz de lo que exige el guion.
- El Potter de Barrymore, un villano sin ninguna escena redentora y sin necesidad de tenerla.
El punto de equilibrio de la película era de 6,3 millones de dólares, aproximadamente el doble de su costo de producción, y no se acercó a esa cifra en su estreno. Sus derechos de autor en Estados Unidos expiraron en 1974 tras la falta de renovación, y pasó al dominio público. Ese accidente, más que cualquier marketing, la convirtió en un clásico navideño. La reputación está merecida, pero la película se la gana tarde. Es una construcción lenta hacia un final que todavía funciona.
8,9 de 10.
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