La linterna eléctrica todavía funciona. Eso es casi lo único con lo que Oswald Mandus puede contar en Amnesia: A Machine for Pigs, la continuación de 2013 de Amnesia: The Dark Descent por parte de The Chinese Room. Frictional Games la publicó. Llegó a Windows el 10 de septiembre de 2013, y llegó a PlayStation 4 el 22 de noviembre de 2016 dentro de Amnesia Collection, junto con The Dark Descent y su expansión Amnesia: Justine. También funciona en Linux, Mac, Xbox One y Nintendo Switch. Es un juego de terror y supervivencia en primera persona, para un jugador, y obtiene una puntuación de 7.3 sobre 10.
La puntuación coincide con el agregado de críticos de IGDB en ocho medios. Esa cifra es justa, y las razones para ello son específicas.
Tráiler, vía IGN.
Oswald Mandus despierta en Nochevieja
El juego comienza en Londres en Nochevieja de 1899. Mandus es un acaudalado industrial y carnicero. Despierta de una fiebre que duró varios meses, tras una desastrosa expedición para explorar ruinas aztecas en México. Sus hijos, Edwin y Enoch, lo llaman a través de la casa.
Luego llama «el Ingeniero» por teléfono. El Ingeniero dice que los niños están atrapados muy abajo, dentro de la Máquina que Mandus construyó bajo su propia casa. La Máquina ha sido saboteada. El Ingeniero quiere que Mandus drene las aguas de la inundación y la vuelva a poner en funcionamiento, y lo guía por teléfono a través de las instalaciones.
La premisa es sólida y la ejecución es despareja. Mandus desciende por una casa que se estremece a voluntad de alguna máquina infernal, y en la lectura de este redactor el juego nunca se decide entre ser una historia de casa embrujada o una de piso de fábrica.
Los hombrecerdos y la Máquina
Algunas áreas son patrulladas por hombrecerdos: cerdos humanoides monstruosos que persiguen y atacan a Mandus apenas lo ven. Son la imagen central del juego, y la fuente de sus mejores y peores momentos.
Mandus reactiva la Máquina. El Ingeniero lo traiciona, toma el control y desata a los hombrecerdos en las calles de Londres para reunir víctimas con las que alimentarse.
Mandus entonces recupera la memoria. Después de México, fue consumido por una visión del futuro que le mostró un artefacto que sus hijos encontraron en un templo azteca, conocido como el «huevo», que se insinúa que es un Orbe. En esa visión ve horrores y atrocidades del siglo venidero, incluidas las muertes de Edwin y Enoch en la Batalla del Somme. Enloquecido, construye la Máquina. Las varias líneas argumentales del juego se entrelazan, algunas en el pasado, algunas en el presente, algunas abiertamente reales y algunas posiblemente imaginadas.
Hundirá su hocico en tus costillas y se comerá tu corazón.
Esa frase proviene del propio resumen del juego, y es una mejor propuesta de la que el juego suele ofrecer.
Lo que The Chinese Room eliminó
La mecánica central se traslada desde The Dark Descent, pero The Chinese Room eliminó varias de ellas en aras de una experiencia renovada. El sistema de inventario desapareció. También la necesidad de encontrar aceite y yesqueros para mantener las luces encendidas. La mayoría de los acertijos ahora se basan en interactuar físicamente con el entorno.
La mecánica de cordura también desapareció. Estar de pie en la oscuridad y mirar a los enemigos ya no conlleva ninguna desventaja. La salud se regenera después de un tiempo cuando Mandus resulta herido, por lo que no hay necesidad de buscar objetos para restaurarla.
| Sistema en The Dark Descent | Estado en A Machine for Pigs |
|---|---|
| Inventario | Eliminado |
| Aceite y yesqueros para la luz | Eliminado |
| Mecánica de cordura | Eliminada |
| Objetos de salud | Eliminados; la salud se regenera |
| Base de los puzles | Interacción física con el entorno |
| Diseño de niveles | Áreas más grandes, incluidos entornos exteriores |
| IA de los enemigos | Ajustada para que los jugadores no puedan predecir el comportamiento del primer juego |
La tabla es todo el argumento en miniatura. Cada eliminación hace que el juego sea más fácil de jugar y menos aterrador de habitar. La linterna es una comodidad, no un recurso. La oscuridad es un lugar, no una amenaza.
Salas más grandes, menos razones para temerles
El diseño de niveles es significativamente diferente al de The Dark Descent, con áreas más grandes y entornos al aire libre. La IA enemiga fue ajustada para que los jugadores no puedan predecir el comportamiento de los hombrecerdos basándose en su experiencia con el juego original.
Ese último cambio es lo más inteligente aquí. Los jugadores que aprendieron las reglas del primer juego no pueden transferir esas reglas, y por un tiempo eso funciona. Pero la imprevisibilidad no es lo mismo que el terror. Los hombrecerdos persiguen y atacan al ver al jugador, y como la muerte cuesta poco, la persecución deja de importar.
Las habitaciones más grandes también perjudican. The Dark Descent apretaba a los jugadores por pasillos y hacía de cada puerta una decisión. A Machine for Pigs abre el espacio, y el espacio abierto es donde el horror se relaja.
Una historia contada a través de notas y teléfonos
Los jugadores exploran e interactúan con los entornos usando la linterna eléctrica, y encuentran entradas de diario y notas que completan la memoria perdida de Mandus. La guía continua del Ingeniero llega a través de teléfonos colocados por toda la instalación.
Este es el verdadero logro del juego. The Chinese Room, el estudio detrás de Dear Esther, sabe cómo construir un lugar que te cuenta lo que pasó sin una cinemática. Los teléfonos le dan al Ingeniero una voz, y las notas le dan a Mandus un pasado que no puede retener. Las líneas temporales entrelazadas —pasado, presente, real, imaginado— son ambiciosas y en su mayoría se sostienen.
El problema es Mandus mismo. Es un carnicero adinerado que construyó una máquina bajo su casa, y el juego quiere que su culpa cargue con el final. No lo logra del todo. La revelación llega como un hecho de la trama más que como un sentimiento.
El 7.3 y lo que mide
El juego recibió reseñas mixtas de la crítica. El agregado de 7.3 entre ocho medios captura esa división con precisión. Este no es un mal juego. En opinión de este escritor, dejó de lado la presión de su predecesor y conservó solo la atmósfera, un intercambio que costó más de lo que ganó.
La historia es la razón para jugarlo. El huevo azteca, la visión del Somme, la traición del Ingeniero, los hombrecerdos en las calles de Londres — eso es una verdadera pieza de escritura de horror, y se gana el final incluso cuando la mecánica no lo hace.
La mecánica es la razón para irse. Quita el inventario, quita el aceite, quita el medidor de cordura, quita los objetos de salud, y lo que queda es un recorrido a pie con carreras ocasionales. El primer juego te hacía temerle a la oscuridad. Este convierte la oscuridad en una habitación por la que caminas.
Dónde deja esto a la serie
A Machine for Pigs comenzó como un mod. Se convirtió en una secuela indirecta ambientada en el mismo universo que The Dark Descent, con un nuevo elenco y una nueva época. Ese origen se nota. Tiene la forma de una secuela y el alcance de algo más pequeño, y las partes que funcionan mejor son las que ignoran por completo el primer juego.
Los instintos de The Chinese Room eran acertados en la escritura y equivocados en los sistemas. Las notas, los teléfonos, las líneas temporales entrelazadas — esas son las fortalezas del estudio, y sobreviven. La mecánica despojada es la incursión del estudio en un género que no comprendía del todo, y no sobrevive.
Frictional Games lo publicó. Eso importa, porque The Dark Descent fue desarrollado y publicado por Frictional, y entregar la secuela a otro estudio fue una apuesta deliberada. Según la lectura de este periódico, la apuesta produjo una mejor historia y un juego inferior. Ambas cosas son ciertas, y el 7.3 es lo que sucede cuando se anulan entre sí.
Para cualquiera que se acerque a la serie ahora, la Amnesia Collection en PlayStation 4 es el punto de entrada sensato, ya que reúne The Dark Descent, Justine y este. Juega The Dark Descent primero. Luego juega A Machine for Pigs por la historia, y no esperes que el miedo te siga al salir.
7.3 de 10
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