Ubisoft Québec construyó Immortals Fenyx Rising sobre la apuesta de que el mito griego, contado como un libro de cuentos, podía sostener un mundo abierto. La apuesta en su mayoría da resultado. Lanzado en 2020 para Nintendo Switch, PlayStation 4, PlayStation 5, Stadia, Windows, Xbox One y Xbox Series X/S, el juego te entrega a un portador de escudo llamado Fenyx y siete regiones de la Isla Dorada por recorrer. Es brillante, divertido cuando quiere serlo, y lo bastante largo como para desgastarse antes de que el último dios se ponga de pie.
Tráiler, vía Ubisoft.
Tifón escapa y los dioses caen
La premisa es lo más fuerte aquí. Tifón, un titán encarcelado bajo una montaña durante eones, se libera, separa a los dioses olímpicos de sus esencias divinas y convierte a gran parte de la humanidad en piedra.
Fenyx, un joven portador de escudo griego de la Liga de Delos, sobrevive a un naufragio y llega a la Isla Dorada para encontrar a la tripulación y a los isleños petrificados. Una profecía señala el camino. Un ave de fuego incipiente, Phosphor, lo acompaña.
El recurso narrativo es la mejor idea del juego. Prometeo le cuenta toda la historia a un Zeus escarmentado y apuesta a que un mortal puede vencer a Tifón, lo que liberaría a Prometeo de su propio encarcelamiento. Le da a la campaña un narrador con interés en el desenlace, y le permite al juego reírse de sus propios dioses.
Un héroe personalizable que canónicamente es mujer
Puedes configurar el género, la voz y la apariencia de Fenyx. El personaje es canónicamente femenino, y el Salón de los Dioses luego te permite cambiar el aspecto de nuevo en la Silla de la Belleza de Afrodita.
Esa flexibilidad es bienvenida. También significa que Fenyx llega con una personalidad menos definida que los dioses que lo rodean, y el juego se apoya en los olímpicos para hacer el trabajo emocional.
Siete regiones y un ave que señala el camino
La Isla Dorada es un gran mundo abierto dividido en siete regiones inspiradas en el mito griego, y todo el mapa está abierto desde el inicio. Fenyx escala acantilados, monta una cabalgadura y vuela con las alas de Dédalo.
Phosphor marca puntos de interés en el mapa. Las grietas dispersas por la isla te arrastran a las Bóvedas del Tártaro, pruebas de plataformas que ponen a prueba el combate y el desplazamiento en conjunto.
Los enemigos salen del mismo pozo: minotauros, cíclopes y peores. El combate funciona con dos modos cuerpo a cuerpo —ataques ligeros rápidos y débiles con espada, ataques pesados lentos y fuertes con hacha— más un arco. La resistencia se agota al atacar, y un Fenyx agotado es un Fenyx muerto.
Afrodita como árbol, Ares como gallo
Las misiones de restauración son donde la escritura justifica su valor. Cada dios caído es una broma con un propósito:
- Afrodita, que se convirtió en árbol sin su pasión.
- Ares, transformado en gallo sin su orgullo.
- Hefesto, reducido a uno de sus propios autómatas sin sufrimiento.
- Atenea, convertida en niña sin la capacidad de tomar decisiones claras.
Fenyx también derriba los espíritus corrompidos de Aquiles, Atalanta, Heracles y Odiseo. Luego los dioses, restaurados, vuelven directamente a las riñas y las disputas internas, incapaces de ponerse de acuerdo sobre cómo detener a Tifón. Esa negativa a dejar que los olímpicos sean nobles es lo más agudo que hace la historia.
Habilidades divinas y una rutina de fabricación
La progresión desbloquea habilidades como la Ira de Ares, un grupo de lanzas que empujan a los enemigos por los aires. La armadura y las armas se mejoran recolectando recursos de fabricación.
Esta es la parte que decae. Las Cámaras del Tártaro repiten sus trucos, y la recolección de recursos estira la mitad del juego mucho más allá de lo que los acertijos pueden sostener. La exploración sigue siendo agradable; la lista de tareas que hay debajo, no.
Dónde se detiene la historia
Una advertencia se cierne sobre todo el conjunto. La trama tal como está documentada se desvanece a mitad de una idea en Ligyron, el hermano mayor de Fenyx, el hermano que la misión está destinada a rescatar. El material de origen no resuelve qué sucede allí, y esta reseña no pretenderá lo contrario.
Lo que está claro es la estructura: un mortal, una apuesta, un ser querido capturado y un Titán que quiere rehacer el mundo. El juego se compromete con esa forma y la cumple.
El veredicto sobre Immortals Fenyx Rising
Immortals Fenyx Rising es un buen juego con un gran marco. La narración de Prometeo y Zeus hace más por el material que cualquier mazmorra individual, porque le da a la campaña un narrador, un oyente y una apuesta. Las escenas de restauración de dioses —Afrodita como árbol, Ares como gallo— son los momentos dignos de recordar.
El mundo abierto es el costo. Siete regiones con todo desbloqueado desde el inicio suenan generosas, y lo son, pero las Bóvedas y el ciclo de fabricación convierten la generosidad en tarea. El combate se sostiene mejor que el ritmo que lo rodea.
Este no es un juego que reinventa la aventura de mundo abierto. Es uno que viste la fórmula con mito y saca más del disfraz que la mayoría. Juégalo por los dioses, no por el mapa.
7.4 de 10.
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