«Death at a Funeral» quiere ser una película desastrosa sobre el duelo. En gran medida lo consigue, pero el caos que construye se resiste constantemente a la catástrofe completa que promete. Esta comedia dramática británica de 2007, dirigida por Frank Oz y escrita por Dean Craig, sigue a una familia reunida para el funeral de su patriarca, Edward. Lo que comienza como un memorial tranquilo se convierte en una cascada de desgracias: un féretro volcado, una amenaza desnuda en la azotea, un amante que extorsiona y un percance con drogas que envía a todos a un frenesí.
La premisa es simple y eficaz. Daniel, interpretado por Matthew Macfadyen, es el hijo diligente que tiene que organizar el funeral tras la muerte repentina de su padre. Su hermano Robert, interpretado por Kris Marshall, llega desde Nueva York pero se niega a aportar dinero, dejando a Daniel a cargo de pagar la cuenta solo. Los invitados comienzan a llegar y los problemas empiezan casi de inmediato.
Trailer, vía Icon Film Distribution ANZ.
El Incidente del Férretro
El punto culminante de la película es el momento que define su título. Simon, interpretado por Alan Tudyk, sube al escenario durante el servicio con una droga en su sistema que cree que es Valium, pero que en realidad es un alucinógeno. Se convence de que el féretro se está moviendo y lo vuelca, derramando el cuerpo de Edward en el suelo. La escena es genuinamente divertida, pero también tiene una nota sombría de reverencia que la película apenas puede sostener.
La secuela de ese momento es donde la película encuentra su corazón. Martha, interpretada por Daisy Donovan, intenta mantener a Simon tranquilo mientras se defiende de la atención no deseada de Justin, interpretado por Ewen Bremner, cuyo pasado con ella preferiría olvidar. Simon se sube al tejado desnudo y amenaza con saltar, y toda la congregación observa con horror.
La Gran Revelación de Peter
Peter, interpretado por Peter Dinklage, se presenta a Daniel al principio de la película pero es ignorado. Más tarde, se reúne con Daniel y Robert en privado y revela que fue el amante de su padre. Les muestra fotografías comprometedoras y exige £15.000 en dinero negro. Los hermanos entran en pánico, atan y amordazan a Peter, y le dan lo que creen que es Valium para calmarlo.
Últimos ritos… y errores.
Esa línea, el eslogan de la película, resume la tensión entre lo sagrado y lo profano. El funeral está destinado a ser una ocasión solemne, pero el guion sigue encontrando maneras de subvertir esa expectativa.
El Reparto Secundario
El conjunto es sólido, y la película sabe cómo aprovechar las fortalezas de cada intérprete. Keeley Hawes interpreta a Jane, la esposa de Daniel, con un agudo sentido del humor. Howard, interpretado por Andy Nyman, añade una capa de energía nerviosa, y Sandra, de Jane Asher, aporta una presencia cálida al caos. Robert, de Rupert Graves, es un espón en relación con Daniel, y la química entre los hermanos impulsa gran parte del impulso de la película.
Los papeles secundarios son más pequeños pero memorables. El tío Alfie, interpretado por Peter Vaughan, proporciona un contrapunto gruñón a los parientes más jóvenes, y el Reverendo, de Thomas Wheatley, completa la presencia del clero. La película no desperdicia ninguna interpretación, y esa consistencia es parte de lo que la hace funcionar.
Lo que Funciona y Lo que No
Las fortalezas de la película son su ritmo y su sincronización. Los chistes caen rápidamente, y el caos nunca se estanca. Avanza de un desastre al siguiente sin perder el equilibrio. Esa disciplina es impresionante, especialmente considerando cuántas líneas argumentales maneja la historia.
Donde tropieza es en su moderación. El vuelco del ataúd es un ejemplo perfecto: es gracioso, es impactante, pero la película se abstiene de golpear con fuerza al tratar el momento con una gravedad tranquila que no encaja del todo con la absurdidad de la situación. De manera similar, la subtrama de chantaje se plantea con riesgos reales, pero la resolución es apresurada, y el peso de la amenaza se evapora antes de que pueda llegar a buen término.
La película también se apoya en gran medida en su premisa. Una vez que el ataúd se vuelca, no hay mucho más que la historia pueda hacer. La amenaza en la azotea y el chantaje siguen una curva similar: se presentan con malicia, se construyen lentamente y luego se resuelven antes de que puedan dar sus frutos por completo. Esa estructura significa que la película es mejor en su etapa media, cuando los desastres se acumulan, y más débil en su acto final, donde las líneas argumentales se atan demasiado convenientemente.
Palabras Finales
«Death at a Funeral» es una comedia ágil y bien elaborada con un núcleo emocional genuino. Es más divertida de lo que se le reconoce y más triste de lo que admite. El elenco es uniformemente excelente, y la dirección mantiene el caos en movimiento sin perder el control. No alcanza las alturas de la gran comedia, pero no es necesario que lo haga. Sabe exactamente qué es y lo entrega con confianza.
Puntuación: 6.7 de 10
- Matthew Macfadyen ancla el caos como Daniel
- Peter Dinklage, como Peter, aporta amenaza e ingenio
- Simon, interpretado por Alan Tudyk, roba la escena con su pánico
- Martha, interpretada por Daisy Donovan, ancla el subtrama romántico
- Robert, interpretado por Kris Marshall, proporciona un contraste cómico con Daniel
La película es mejor cuando permite que la absurdidad se desborde y peor cuando retrocede para atar todo. Es una comedia sobre el duelo que no respeta ni la risa ni las lágrimas, y ese equilibrio es raro. Vale la pena verla por la escena del ataúd solo, y el resto de la película se gana su lugar junto a ella.
Recibe El Cuaderno.
Las mejores historias del día y cada veredicto nuevo, en español claro, en tu correo a las siete. Un correo al día, nada más.





