Death Race quiere ser una pieza brutal y salvajemente desagradable de entretenimiento al estilo grindhouse. En cambio, se conforma con ser un desastre ruidoso y repetitivo que desperdicia a su elenco. La premisa es simple: los prisioneros son obligados a luchar entre sí en una carrera estilo derby de demolición, y la película se apoya en la violencia gráfica para vender el espectáculo. No lo logra del todo.
Tráiler, vía Universal Pictures.
Jason Statham sostiene un guion débil
Jason Statham protagoniza a Jensen Ames, un expiloto de carreras que cumple cadena perpetua por asesinato. Le ofrecen la libertad anticipada si se une a la carrera, y acepta con la condición de que su exesposa reciba el pago. Ese planteamiento suena prometedor, pero el guion dedica demasiado tiempo a peleas de relleno y no lo suficiente al desarrollo de los personajes.
Statham es el único punto brillante. Aporta una amenaza fría y controlada al papel, incluso cuando el material a su alrededor se desmorona. Sus escenas con los otros reclusos chisporrotean de tensión, y su actuación ancla la película cuando la acción se descontrola.
«Death Race» es un desastre ruidoso y repetitivo que desperdicia a su elenco.
El elenco secundario es menos afortunado. Tyrese Gibson interpreta a un compañero recluso que se debate entre la lealtad y la autoconservación, pero su arco es débil y su diálogo está lleno de clichés. Amber Valenti aparece como interés amoroso, pero sus escenas parecen relleno. Los villanos son caricaturescos, y sus planes son fáciles de adivinar desde el momento en que se presentan.
La acción es ruidosa, pero también aburrida
Las secuencias de carreras pretenden ser lo más destacado, pero adolecen de falta de variedad. Los autos chocan, vuelcan y explotan en patrones predecibles, y la película repite tomas similares en múltiples carreras. Las acrobacias son competentes, pero carecen de la energía que las haría memorables.
La violencia también es más gráfica que efectiva. La sangre salpica, los miembros se quiebran y los cuerpos son aplastados, pero nada de eso se siente merecido. Es solo ruido, y la película parece más interesada en mostrar gore que en contar una historia.
Donde la película se queda corta
El ritmo es el mayor problema. La sección media se arrastra pesadamente, con largos tramos de exposición y peleas de relleno que no aportan nada a la trama. El acto final intenta unir todo, pero la resolución es apresurada e insatisfactoria. La película termina en un cliffhanger que sugiere una secuela, pero se siente vacío después de todo lo que vino antes.
La dirección es competente pero poco imaginativa. No hay ángulos de cámara ingeniosos, ni elecciones de edición audaces, ni sensación de urgencia. La película se conforma con ser un flujo constante de violencia, y esa constancia se vuelve agotadora al final.
Los números detrás de la reseña
- Título: Death Race
- Año: 2008
- Duración: 106 minutos
- Puntuación: 4,3/10
Death Race no es una película terrible, pero sí decepcionante. Tiene momentos de tensión genuina y una actuación protagónica que vale la pena ver, pero se ve arruinada por un guion débil, acción repetitiva y un problema de ritmo que hunde todo el proyecto. Los fanáticos del género encontrarán algunos placeres aquí, pero también tendrán mucho de qué quejarse.
La película se disfruta mejor como un placer culpable, no como entretenimiento serio. No es una pérdida de tiempo, pero tampoco es un gran uso de él. Si se acercan a ella con expectativas bajas y un estómago fuerte, podrían sacarle algo. De lo contrario, es mejor omitirla.
Puntuación: 4,3 de 10
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