The Aristocats es un largometraje animado de Disney sobre una adinerada familia de gatos parisinos cuya fortuna se desmorona cuando su mayordomo intenta robarles el dinero. Es un relato tierno, ocasionalmente divertido, dirigido directamente a los niños, y se sostiene mejor como un pasatiempo agradable que como un hito de la animación.
Tráiler, vía Disney.
El ladrón y su plan
La trama es sencilla. Madame Adelaide Bonfamille deja su fortuna a sus tres gatos, Duchess, Berlioz y Toulouse. Su mayordomo, Edgar, planea quedarse con el dinero. Abandona a los gatos en el campo, lo que desencadena una persecución por toda Francia.
Edgar es el villano más destacado de la película, un hombre delgado y nervioso que habla en un susurro agudo. Su plan es simple: robar la casa mientras los gatos no están. Es una premisa que le da a la película su única tensión real.
La persecución por Francia
La mayor parte de la película sigue el viaje de los gatos de regreso a París. Conocen a un trío de torpes perros gitanos, interpretados por Sterling Holloway, Jerry Zhou y Joe Ridgley. Estos perros aportan el alivio cómico de la película, cantando una canción sobre ser espíritus libres mientras persiguen un tren de vapor.
Las escenas de persecución son energéticas, y los perros son genuinamente divertidos. Pero el ritmo se ralentiza una vez que los gatos regresan a París, donde la película se asienta en una serie de canciones y comedia doméstica.
Canciones y más canciones
The Aristocats es un musical, y sus canciones son desiguales. «Domestic Cat» y «Thomas O’Malley Cat» son números animados, y este último le da a Bobby Driscoll la oportunidad de interpretar una melodía vibrante. Pero «Ev’rybody Wants to Be a Cat» se hace pesada, y el número final, «The Aristocats», se siente como relleno en lugar de un gran final.
La música es bastante agradable, pero rara vez alcanza las alturas de las grandes bandas sonoras de Disney. Las canciones son competentes, no memorables.
Los gatos mismos
Duquesa es una dama proper, elegante y un poco remilgada. Berlioz es el nervioso, constantemente preocupado por los peligros del mundo. Toulouse es el aventurero, curioso por todo. El trío es simpático, pero no tiene mucho espacio para desarrollarse más allá de sus rasgos iniciales.
El elenco de apoyo corre con mejor suerte. Thomas O’Malley, el gato callejero que rescata a los gatitos, es un encantador pícaro. Su canción, «Thomas O’Malley Cat», es lo mejor de la película, una melodía alegre que captura su espíritu despreocupado.
La animación
La animación es sólida, aunque no lleva al límite las capacidades técnicas del estudio. Las calles parisinas lucen hermosas y los gatos son expresivos. Pero aquí no hay nada que rivalice con la innovación de películas como Sleeping Beauty o 101 Dalmatians.
Los fondos son ricos y el diseño de personajes es atractivo. Pero la película no exige mucho de sus animadores, y se nota.
El merecido del villano
El clímax vuelve a reunir a la familia y Edgar recibe su merecido. Su plan fracasa y queda humillado. Es una resolución ordenada, aunque no perdura mucho en la memoria.
La película termina con los gatos de vuelta en casa, sanos y salvos. Es un final feliz y cumple con la promesa de la historia.
Lo que funciona y lo que no
The Aristocats está en su mejor momento cuando se mueve. Las escenas de persecución, los perros, las canciones sobre la libertad: esos son los momentos que perduran. Cuando la película se aquieta, pierde energía.
The Aristocats es una entrada agradable, aunque menor, en el canon de Disney.
No es una gran película, pero es una película agradable. Los villanos son débiles, las canciones son dispares y el ritmo es desigual. Pero el encanto de los gatos, el ingenio de los perros y la belleza de la animación hacen que valga la pena verla.
Puntuación final
The Aristocats es una entrada menor en la biblioteca de Disney. Tiene momentos de genuino placer, pero carece de la ambición o el pulido del mejor trabajo del estudio. Es una película para niños, y sabe exactamente lo que quiere ser.
6,6 de 10.
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