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Reseña de Rocky IV: una obra maestra imperfecta que vale la pena ver

Una reseña de Rocky IV, el divisivo espectáculo boxístico de la Guerra Fría que es a la vez brillante y ridículo, con una calificación de 4.0/10.

Por mitch·6 min de lectura
A boxer stands atop a snowy peak, striking a punching bag while a dog watches beside him.

Rocky IV es una bestia extraña en la saga de Rocky. Es la película que convirtió la serie en una caricatura, una alegoría de la Guerra Fría y un vehículo para que Stallone se convirtiera en una superestrella global. También sigue siendo la entrega más divisiva de la franquicia. Los críticos han pasado décadas debatiendo si los excesos de la película estaban justificados o eran simplemente excesivos. La respuesta, en mi opinión, está en algún punto intermedio. Rocky IV es un placer culpable, un artefacto cultural y una película que merece su reputación de ser a la vez brillante y ridícula. Obtiene un 4.0 sobre 10.

Tráiler, vía Amazon MGM Studios.

La premisa

La premisa es simple. Rocky Balboa, el desvalido de Filadelfia, recibe una oportunidad por el campeonato de peso pesado después de que su amigo Apollo Creed muere en el ring durante una pelea contra Ivan Drago. Drago es un peleador soviético que mata a Creed con sus puños, y Rocky decide enfrentarlo en una pelea que se convierte en una guerra por poder entre Estados Unidos y la URSS. Las apuestas son altas, el simbolismo es contundente y el resultado es una película que se siente menos como un drama de boxeo y más como una máquina de propaganda.

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La historia es un guiño a la Rocky original, donde Rocky recibió una oportunidad por el título después de que su mejor amigo muriera en el ring. Aquí, las apuestas son globales. La pelea no se trata solo de ganar un cinturón; se trata de demostrar que la determinación estadounidense puede superar la eficiencia soviética. Esta es la parte más débil de la película. El ángulo de la Guerra Fría es torpe, y los personajes quedan reducidos a caricaturas nacionales. Rocky es el héroe del corazón del país, mientras que Ivan es la máquina sin alma.

Las escenas de pelea

Donde Rocky IV triunfa es en la fisicalidad de las peleas. Los montajes de entrenamiento son icónicos, y el combate final entre Rocky e Ivan sigue siendo una de las secuencias más emocionantes de la franquicia. La película sabe cómo montar una pelea, y la coreografía es brutal. Hay una escena donde Rocky recibe una paliza tan severa que casi muere, y el público se queda preguntándose si sobrevivirá. Esa tensión es rara en una franquicia que se había vuelto blanda para la cuarta entrega.

El montaje es preciso, y la música de Bill Conti es implacable. La canción principal «Eye of the Tiger» encaja perfectamente con el material. Es un tema que captura la intensidad del momento, y se ha convertido en una de las canciones más reconocibles en la historia del cine. Las escenas de pelea son la razón por la que la gente vuelve a Rocky IV. Son los momentos que justifican la existencia de la película.

El exceso

El problema es que la película no puede sostener su propio exceso. La sección media se arrastra, y la trama está llena de absurdos que socavan la tensión. Hay una escena donde Rocky entrena en la nieve, golpeando un saco de boxeo mientras un perro observa. Se supone que es inspiradora, pero resulta ridícula. La película también es muy larga, y estira su duración para hacer que cada secuencia se sienta épica. Esa decisión sale mal, ya que el ritmo se resiente.

También hay una subtrama que involucra a la esposa de Rocky, Adrian, y su hijo, quien es secuestrado por los rusos. Esto añade una capa de melodrama que es innecesaria. El secuestro se resuelve rápidamente, pero distrae de la narrativa principal. La película intenta ser todo: un drama deportivo, una declaración política, una tragedia familiar y un romance. Falla en todos ellos.

Los personajes

Los personajes son unidimensionales. Rocky es un hombre de pocas palabras, pero no es un personaje profundo. Es un símbolo de la dureza estadounidense, y la película lo trata como tal. Ivan Drago es aún peor. Es un villano que habla en monosílabos y no tiene personalidad más allá de su papel como la amenaza soviética. A la película no le importa su humanidad, y eso es un defecto. Un buen villano debería ser memorable, pero Ivan es una pizarra en blanco.

El elenco de apoyo es mejor. Burt Young interpreta a Mickey, el entrenador de Rocky, con un encanto rudo. Talia Shire interpreta a Adrian, y aporta calidez a un papel que podría haber sido aburrido. Pero la película no está interesada en su desarrollo. Es una historia sobre Rocky, y todos los demás existen para servir a su viaje.

El legado

Rocky IV es un referente cultural. Se lo menciona en innumerables películas, programas de televisión y comerciales. La frase “¡Soy el campeón!” se ha convertido en un meme. La película tiene un dominio sobre la cultura popular que es difícil de explicar. Es una película que la gente ama odiar, pero vuelve a ella una y otra vez.

La película también cambió la forma en que Hollywood abordaba las películas de acción. Demostró que el público pagaría por ver un drama deportivo con un mensaje moral claro. Estableció la plantilla para películas como The Karate Kid y Rambo. Es una película que está desactualizada, pero también es influyente.

Escena Duración Ánimo
Montaje de entrenamiento en la nieve 5 minutos Inspirador
Pelea contra Drago 10 minutos Intenso
Trama secundaria de secuestro 3 minutos Perturbador
Victoria final 4 minutos Alegre

El veredicto

Rocky IV es una obra maestra con defectos. Es una película demasiado larga, demasiado obvia y demasiado absurda. Pero también es una película con algunas de las mejores escenas de pelea jamás puestas en pantalla. Es una película que captura un momento de la historia y lo hace sentir vivo. Es una película que vale la pena ver, aunque uno ponga los ojos en blanco.

La reputación de la película es merecida, pero no del todo precisa. No es la peor película de la franquicia, pero es la más desigual. Es una película que recompensa la paciencia y castiga la complacencia. Es una película que exige que uno se involucre con ella en sus propios términos.

Es una película que es mejor de lo que su reputación sugiere, pero peor de lo que su legado implica. Es una película que vale la pena ver, pero no vale la pena defender. Es una película que es un placer culpable, y un placer culpable es exactamente lo que es.

Puntuación: 4.0 de 10

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