Xenogears comienza con una nave espacial llamada Eldridge estrellándose en un planeta cercano. El único sobreviviente es un niño, la primera encarnación de Fei. A partir de esos restos, la División 3 de Desarrollo de Productos de Square construyó un juego de rol que oscila entre la animación dibujada a mano y el combate de robots poligonales, y sigue siendo una de las cosas más extrañas y ambiciosas que la PlayStation original llegó a ejecutar.
Deus, Zohar y el Eldridge
La trama no empieza en pequeña escala. Una civilización espacial desconocida crea a Deus como arma biológica, atrapa a la Wave Existance dentro de su motor, Zohar, y luego intenta deshacerse de todo el conjunto enviándolo lejos. Deus se entera y ataca la nave en tránsito.
Lo que sigue abarca civilizaciones. Fei y Elly se reencarnan una y otra vez: como Abel y Elly, perseguidos por Caín; en la civilización Zeboim, donde Kim construye un humano artificial llamado Emeralda; y en la cuarta encarnación, donde Lacan, Sophia, Krelian y los hermanos Fatima luchan contra Solaris. Shevat, los Gurus, los Diabolos, la droga Limitadora en el suministro de alimentos: Xenogears sigue sumando.
Gears, combos y un mapa de 360 grados
El sistema de combate es la razón para quedarse. Un sistema de combate en tiempo real elimina los menús restrictivos y usa comandos de botones para ofrecer una acción rápida e intuitiva. Los jugadores pueden lanzar espectaculares hechizos mágicos o participar en batallas de robots poligonales contra robots en tiempo real, controlando mega-robots cuando la pelea lo exige.
Fuera del combate, los mapas de juego en 3D rotan 360 grados completos, y los jugadores navegan saltando y trepando. El trabajo de cámara y la iluminación llevan las peleas de robots más lejos de lo que el hardware debería permitir.
- Rotar los mapas de juego en 3D 360 grados
- Navegar saltando y trepando
- Controlar mega-robots en batalla
- Usar comandos de botones en lugar de menús
- Lanzar hechizos mágicos o pelear robot contra robot
Una historia que lo arruina todo
El material de origen de esta reseña expone la trama completa y advierte que lo arruina todo, lo cual es justo. Xenogears presenta su cosmología desde el principio y nunca se detiene a explicarla dos veces. El propio resumen del juego promete una intrincada historia con muchos personajes humanos y no humanos, y lo cumple de una manera que pocos RPG de su época intentaron.
En el principio, Deus fue creado.
Esa línea marca el tono. Al juego le interesa menos el viaje de un héroe que un ciclo de reencarnación que se repite a lo largo de los siglos, con el Gen Ouroboros de Miang transmitiéndose por cada mujer del mundo, lo que garantiza su inmortalidad.
Donde se nota la ambición
El alcance es el punto, y el alcance también es el problema. Xenogears quiere sostener en un solo disco una guerra entre Aveh y Kislev, una falsa religión llamada Ethos, un Sistema Soylent que convierte a los sujetos de prueba en productos alimenticios y un plan de Krelian para crear un dios. En su mayoría lo logra. Pero la densidad es castigadora, y el juego confía más en su propia lore que en que el jugador pueda seguirle el ritmo.
El combate y los mapas de 360 grados son las partes que mejor resisten. La narrativa es la que decidirá si lo terminas. Este es un juego que trata la ciencia ficción y la fantasía como el mismo estante, y se lo gana.
Xenogears no es una experiencia fluida. Es una exigente, y las exigencias en gran medida vale la pena cumplir.
8.4 de 10
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